Symphony of the Goddesses: música para contar historias

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Recientemente he tenido la maravillosa oportunidad de asistir al concierto en directo de Symphony of the Goddesses en Madrid. Para los que no lo sepan, se trata de un espectáculo basado en la banda sonora de la saga de videojuegos The Legend of Zelda, en el que una orquesta filarmónica y un coro de voces mixtas interpretan una serie de canciones y medleys extraídos de los juegos mientras proyectan en una pantalla imágenes y vídeos de la propia saga. Para muchos un evento de este tipo sonará a chino, pero lo cierto es que se trata de un show que lleva dando la vuelta al mundo desde 2012 y que ha arrastrado a miles de fans a las salas de conciertos desde que empezó. Para que os hagáis una idea más aproximada del tema, aquí dejo un video del concierto de mayo de 2013 en Toronto.

La verdad es que estar de cuerpo presente en este concierto y poder constatar de primera mano la enorme cantidad de gente que asistió (el Palacio Vista Alegre estaba hasta los topes) me hizo reflexionar sobre el papel importantísimo que juega la música a la hora de anclar nuestras experiencias a emociones concretas. Es evidente que la mayoría de las personas allí presentes, si no todos, éramos fans de la saga. Aún así me parece interesante señalar el hecho que se trata de una saga de videojuegos y nadie había ido allí con la idea de compartir la dimensión lúdica del asunto. No; se trataba más bien de compartir las emociones que los juegos nos habían provocado. La gente suspiraba, gritaba, reía, casi lloraba cada vez que reconocía un fragmento concreto de melodía. Pero reconocerlo no era el fin de todo esto, más bien era girarse hacia tus acompañantes y descubrir, con una ilusión casi infantil, que a ellos les estaba provocando el mismo sentimiento inequívoco de profundo disfrute.

¿Pero cómo puede producir emociones tan intensas y reales un videojuego, que no deja de ser un producto de entretenimiento en su máxima expresión? Para mí la respuesta a esta pregunta no supone ningún misterio, aunque sé que para mucha gente es algo incomprensible. Pero lo cierto es que los videojuegos se valen de las mismas herramientas que la narrativa clásica lleva siglos empleando en otros géneros y que, de la misma manera que funcionan en el cine, la literatura o el teatro, funcionan también en estos injustamente denostados productos digitales. La diferencia fundamental es que en el caso de los videojuegos el jugador es un agente más y por tanto sus decisiones influyen en lo que se quiere comunicar. La manera en la que el jugador asiste al fenómeno de la narrativa en un videojuego es por todo esto mucho más desordenada, errática y confusa, pero no por ello menos potente. Y la música, por descontando, es un factor fundamental para lograr esa conexión emocional de la que hablo.

Utilizo la saga de Zelda y el ejemplo de Symphony of the Goddesses para ilustrar todo esto no solo porque los juegos tengan una banda sonora increíble compuesta por un brillante Koji Kondo, sino porque el uso que hacen de la música para comunicar es profundamente acertado e inteligente. No me refiero únicamente al hecho de que empleen música triste cuando quieren enfatizar el dramatismo de un instante o música épica en las batallas contra un enemigo importante, algo que por supuesto se da en esta saga como en muchas otras. Los ejemplos en los que estoy pensando van más allá y son mucho más sutiles.

Pongamos por caso los dos videojuegos de Zelda que salieron para Nintendo 64 entre 1998 y 2000: Ocarina of Time y Majora’s Mask. El primero es una aventura heroica al uso y cuenta con una banda sonora a la altura de las circunstancias, que se regodea en la épica. El segundo es un relato sicológico al estilo de Alicia a Través del Espejo y la dimensión que crea su música, si bien recuerda a la de su predecesor, es muchísimo más profunda y oscura. En Majora’s Mask Koji Kondo jugó con el sentido de las melodías, invirtiendo motivos de Ocarina of Time para crear nuevas canciones, utilizando conceptos extraídos del propio mundo del juego para inspirarlas o empleando los ritmos y las armonías para sugerir el significado emocional de lo que estaba ocurriendo. El ejemplo más significativo de esto es la propia intro del juego, en la que Kondo emplea unos acordes disonantes que intercala en la melodía para poco a poco ir dirigiéndola hacia un final aciago que es una metáfora perfecta del arco narrativo de toda la historia, en el que los habitantes de un mundo pacífico se esfuerzan por ignorar la terrible realidad de que la Luna amenaza con desplomarse sobre sus cabezas.

Otro mecanismo que emplea esta saga y que me encanta (no es ni mucho menos la única que lo usa, aunque sí lo hace con mucho acierto) es el de la repetición de temas para despertar emociones antiguas en situaciones nuevas. Mi ejemplo favorito es probablemente el de Hyrule Castle Theme. Esta canción fue compuesta originalmente para The Legend of Zelda: A Link to the Past en 1992 y sonaba así:

Aparte de que me parece un tema cojonudo, lo que más me gusta es la manera en la que se ha empleado en ocasiones posteriores para provocar reminiscencias a ese tema primigenio y las sensaciones que inspiró la primera vez. En The Legend of Zelda: Twilight Princess (2006) se volvió a utilizar como banda sonora del Castillo de Hyrule, pero esta vez como un eco lejano en las inmensas salas vacías de un castillo asediado. Lo más icónico de esta fase es que, mientras avanzas por el inmenso castillo hasta el lugar donde te espera el enemigo final, la melodía principal va variando sutilmente hasta convertirse en el Ganondorf Theme, la canción propia del antagonista del juego. Es un toque sutil, pero que transmite muchísimas cosas imposibles de contar de otra forma. Te están diciendo que este es un lugar en que ya has estado en otro juego (¿en otra vida?), un castillo emblemático de la saga, pero que sin embargo ya no es el mismo castillo. Es un mensaje potentísimo para el jugador, que ha tenido que sudar la gota gorda para llegar hasta esa parte del juego y, en lugar de encontrarse con una melodía épica, se topa con un eco distante y nostálgico que muda poco a poco hacia lo ominoso y desazonador. Me parece sencillamente brillante.

Otro uso magnífico de este tema es el que hace The Legend of Zelda: Wind Waker (2001) en una de sus escenas finales, cuando el Rey de Hyrule decide sumergirse en el mar junto a su reino perdido y se despide para siempre de los dos protagonistas. El tema que suena en ese momento, Farewell Hyrule King es una preciosa reintepretación al piano del Hyrule Castle Theme que de nuevo despierta ecos en la mente y refuerza la cohesión y continuidad de la historia a lo largo del tiempo y de las diferentes entregas.

Como estos ejemplos hay muchísimos más, toda la saga está plagada de momentos que cobran especial trascendencia gracias al uso que se ha hecho de la música como una herramienta comunicativa más. Y como Zelda, otros muchos videojuegos cuentan con bandas sonoras maravillosas que los hacen inolvidables (¿quién no siente un escalofrío de gustillo al escuchar la melodía del Tetris? Confesad) y les dotan del poder de trascender su aspecto lúdico y calar en lo emocional.

Personalmente me gusta tanto la música y me interesan tanto las bandas sonoras que me cuesta entender que haya gente que juega a videojuegos con el volumen quitado… imagino que la música no tiene el mismo poder comunicativo para todo el mundo, igual que sucede con las palabras o las imágenes. Me parece un tema interesantísimo para explorar en otros muchos campos como la televisión o el cine y que daría para largo.

En cualquier caso yo me quedo encantada con la experiencia de Symphony of the Godesses y con la sensación de que la capacidad de las personas para conectar y dotar de sentido hasta las cosas más nimias es algo fantástico y una fuente constante de diversión. ¿Qué puede haber mejor en la vida que encontrar algo que te apasiona y poder compartirlo con otras personas? ¡Pues eso mismo digo yo!

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Cinco canciones maravillosas que no conoce ni dios

No voy a explayarme mucho con la introducción porque creo que el título lo dice todo jajaja. Esto no es un Top 5, simplemente me apetecía compartir estas cinco canciones con vosotros porque pienso que son muy buenas, cada una a su manera, y merecen ser escuchadas. He atendido a dos criterios para seleccionarlas: que me gustan mucho y que probablemente la gran mayoría no las conoce. ¿Que por qué cinco? Pues porque en la vida hay que aprender a SINTETIZAR o nos volvemos todos locos.
Igual añado más en un futuro, pero de momento os dejo estas cinco joyitas :).

1. Russia – Ramona Falls
Esta canción me encanta no sólo por la música, sino porque tiene tintes de fábula y me gusta el sentimiento que transmite. Básicamente cuenta la historia de un chico que hace cosas imposibles para reconquistar a su novia, como guardar toda Rusia en una matrioska, y para su consternación recibe siempre la misma respuesta: “Too little, too late” (“demasiado pequeño, demasiado tarde”). Queda implícita la idea de que él ha hecho algo tan imperdonable que no importa lo que intente para arreglarlo, nunca será suficiente.

2. Short Change Hero – The Heavy
Esta la he escogido porque me encanta el rollito funk-blues-nosébien de The Heavy. Me gusta todo de esta canción: la música, la voz del cantante, el ritmo sincopado, la letra… TODO. Es una canción sobre el amor difícil, sobre cómo el bagage personal a veces nos aleja de los demás y nos lleva por caminos distintos y sobre cómo por amor estamos dispuestos a ignorar todo eso y más aún. Preciosa.

3. 2012 – Mendetz
Temazo bailongo Synth-Pop que no me importa ponerme mientras estoy trabajando porque me encanta. Para mí tiene el encanto añadido de que el grupo es español, y con la poca tradición de tecno que hay en este país me parece que tiene mucho mérito ser fiel a este estilo y lograr temas como este. Mendetz es un grupo casi desconocido, algo que no logro entender cuando prácticamente la totalidad de sus temas no son solo divertidos y bailones, sino musicalmente muy decentes. En fin, los misterios de la industria.

4. Head Home – Midlake
Debo el descubrimiento de este grupo a mi amiga Yagüermeister, que se los puso un día en Spotify y al ver su feed me picó la curiosidad (porque SI, soy así de stalker). Me ENCANTARON. Amo su rollo folk, sus arreglos, su todo. Creo que si la naturaleza tuviera un sonido, sonaría como Midlake. Tienen un montón de canciones maravillosas y desconocidas (al menos en España), pero he escogido Head Home porque tiene estos tres versos que me intrigan y apasionan.
But there’s someone I’d like to see
She never mentions a word to me
She reads Leviathan
No sé por qué pero me parece que captan la idea de soledad de manera portentosa. No se atreve a hablar con esa chica porque está leyendo algo que no entiende y cree que está fuera de su alcance, así que se va. Es sencillo y magistral en el contexto de la canción, y lo amo mucho.

5. Kingdom Come – The Civil Wars
Esta canción es de la BSO de Los Juegos del Hambre y suena en los créditos si no me equivoco. Me gusta muchísimo. Simplemente me encanta la guitarra acústica con ese juego de voces masculina y femenina tan dulce y esa percusión esporádica que entra en los momentos clave. Uno de esos temas que no me cansaría nunca de escuchar y que, incluso siendo melancólico, me pone de buen humor.

 

Top 10: BSO de videojuegos

No es un secreto para nadie que me apasionan los videojuegos, sobre todo los RPG japoneros de 16 bits. Tampoco se le escapará a ningún hábil lector que la música es una de mis obsesiones favoritas. Así que no he hecho otra cosa que sumar dos más dos y he obtenido como resultado este post abarrotado de nostalgia friki, música midi y pixel art entrañable. Preparaos para mi modesto y no-del-todo-parcial top 10 de bandas sonoras de videojuegos. Vamos allá.

10. The Secret of Monkey Island. Opening theme.

The Secret of Monkey Island, una aventura gráfica para PC desarrollada por Lucas Arts en 1990, es para mí uno de los mejores videojuegos jamás creados. Es divertido, es ingenioso, es inteligente y es bello. Para redondear esta lista de virtudes, data de esa época en que los pixeles tenían en pantalla el tamaño de mi cabeza, lo que le dota además de un encanto irrepetible. Su Opening Theme es probablemente uno de los más queridos de la historia del videojuego.

9. Top Gear. Las Vegas Theme.

He aquí un videojuego que pasó sin pena ni gloria para la mayoría de seres vivos del planeta pero que sin embargo es uno de los más queridos y añorados por los fans. Top gear fue un juego de carreras de SNES bastante innovador para la época y que sobre todo contaba con una banda sonora inolvidable. Creo que mi hermano y yo lo alquilábamos sólo para conducir por Las Vegas con este temazo de fondo.

8. Secret of Mana 2 – Seiken Densetsu 3. Where Angels Fear to Thread.

Secret of Mana 2 (o Seiken Densetsu 3 en Japón) es la segunda entrega para SNES de una de las sagas de RPG más conocidas y respetadas. Su banda sonora es un auténtico goce, y en mi opinión supera con creces a la de la primera parte. Evocadora y llena de personalidad, consigue no solo ambientar con gran eficacia sino también emocionar. Where Angels Fear to Thread es uno de los temas de introducción del juego.

7. Final Fantasy VII. You Can Hear the Cry of the Planet.

La saga de Final Fantasy es probablemente la más conocida internacionalmente en lo que a RPG se refiere. Pocos fans de la saga discuten que Final Fantasy VII es además una de las mejores entregas, si no la mejor, de toda su historia. Una trama que combina drama humano con conflictos sociales y políticos de manera muy inteligente, unos personajes inolvidables y una ambientación insuperable lo convierten en el mejor RPG jamás creado para muchos. Su banda sonora no se queda corta. Compuesta por el brillante Nobuo Uematsu, responsable de la BSO de toda la serie, logra trasladarte la psicología necesaria en cada momento y nunca aburre. He tomado como ejemplo este You Can Hear the Cry of the Planet porque recorrer las ruinas de una civilización olvidada bajo su tonadilla opresora es una experiencia que queda en la memoria de todos los que lo juegan.

6. The Legend of Zelda: A Link to the Past. Hyrule Castle Theme.

The Legend of Zelda es la saga más conocida de Nintendo junto a Super Mario y Donkey Kong, y sin duda es la reina indiscutible de los Action RPG. Todos los Zelda tienen una gran banda sonora compuesta por el genial Koji Kondo, pero si tengo que elegir me quedo con A Link to the Past. Por una parte por la nostalgia, por otra porque teniendo en cuenta que la SNES sólo podía reproducir cuatro sonidos a la vez me parece que tiene más mérito lograr una BSO tan memorable. Y por último, porque es el juego que legó a la historia este fabuloso Hyrule Castle Theme que más adelante sería rescatado y reintepretado en juegos posteriores:

Un ejemplo de la reutilización del tema que no puedo dejar de comentar es el de The Legend of Zelda: Twilight Princess. En esta entrega el Castillo de Hyrule es la última fase del juego, un castillo venido a menos, amenzante y prácticamente desierto en el que suena una inteligente combinación del Hyrule Castle Theme de A Link to the Past y el Ganondorf Theme de Ocarina of Time. La música ya es espeluznante de por si, pero reconocer en ella tonadillas de entregas anteriores hace que a cualquier fan se le pongan los pelillos de punta, y a mí la primera.

5. Final Fantasy VI. Terra’s Theme.

Final Fantasy VI es probablemente el único videojuego de la saga que le puede hacer sombra a la séptima entrega, incluso con sus modestos gráficos de 16 bits. Su banda sonora es para mí incluso mejor. Este Terra’s Theme que en el juego sirve tanto de intro como de overworld es tan épico y bello que se han hecho de él innumerables interpretaciones al piano, orquestales y cantadas.

4. Terranigma. Overworld Theme.

Para mí Terranigma es un juego muy especial. Incluso siendo como soy fan incondicional de Zelda tengo que admitir que Terranigma es mi Action RPG favorito. Es original, sorprendente, divertido, a veces perturbador, pero por encima de todo único. La historia en este caso no trata de salvar al mundo, ni siquiera de lograr una sociedad mejor. Va, sencillamente, de crearlo. Desde los mismos cimientos somos los encargados de ayudar a Ark, un adolescente díscolo, a resucitar los contienentes y seres vivos de un planeta Tierra que en algún momento dejó de ser, y debemos guiar a la humanidad para que logre el crecimiento y el progreso (sin que eso sea necesriamente algo bueno, como el juego se encarga de plantear de manera astuta). La banda sonora tiene muchísimos temas memorables, pero de todos me quedo con el Overworld Theme porque pasearse por un mapa mundi en 16 bits y dase cuenta de que uno está en España, Mexico o Polinesia bajo su son no tiene precio.

3. Tales of Phantasia. Desolate Road.

Otro RPG con una BSO maravillosamente evocadora es Tales of Phantasia. Tales of… es una saga también bastante conocida, sobre todo en Japón, y que ha dado muchos títulos a Play Station. Pero como yo soy una nostálgica no puedo avitar preferir el juego de Super Nintendo. Además, su Desolate Road es uno de mis temas de videojuego favoritos de todos los tiempos. Lo mejor es que ni siquiera suena en un momento especialmente destacado. Llegas a un paso de montaña, una fase más, y bum, te encuentras esta maravilla de fondo y quieres quedarte en ese lugar para siempre. Eso es lo que hace que una buena banda sonora marque muchas veces la diferencia.

2. Chrono Trigger. Schala’s Theme.

Ah. Chrono Trigger. ¿Qué puedo decir? Soy incapaz de ser imparcial con este juego porque es mi gran favorito of all time, y dudo que nunca nada pueda cambiar eso. Este RPG combina una jugabilidad perfecta, con su buena dosis de easter eggs memorables, una historia intrincada y emocionante, gran sensibilidad y unos personajes imposibles de olvidar. Su banda sonora compuesta a dúo por Yasunori Mitsuda y Nobuo Uematsu (este último se sumó al proyecto cuando Mitsuda se vio obligado a abandonarlo temporalmente por una enfermedad) es, además, una gozada. Jugar a esta maravilla de vez en cuando es uno de mis guilty pleasures. No solo me trae buenos recuerdos, es que además me parece un derroche de inteligencia e imaginación que estimula mis ideas, como un buen libro. Y encima el concept artist fue Akira Toriyama, diez de diez. Schala’s Theme, es el tema que acompaña a uno de los personajes más melancólicos y misteriosos del juego, la princesa del desaparecido reino de Zeal.

Y de bonus, un medley orquestal de la BSO del juego:

1. Chrono Cross. Scars left by time.

Chrono Cross fue la secuela para Play Station de Chrono Trigger y aunque sigue siendo uno de mis juegos favoritos tengo que decir que no está a la altura de su primera parte. Al menos no en lo que a historia y jugabilidad se refiere, porque es obvio que los gráficos son mejores y el concept art una preciosidad. Y no sólo eso, sino que goza de la que es para mí la mejor BSO jamás creada para un videojuego. Yasunori Mitsuda se superó a si mismo en esta entrega, logrando algunos temas memorables y épicos que acompañaban a los escenarios y los dotaban de un nuevo sentido. Además la música juega un papel fundamental en el desarrollo del juego no solo por la ambientación que proporciona, sino porque es un instrumento indispensable para acabarlo como es debido. A partir de determinado momento cada hechizo que utilizas produce un sonido determinado. El juego va dando pistas en su fase final de que la mejor manera de derrotar al antagonista es utilizando una determinada combinación de sonidos en lugar de derrotarlo por la fuerza y, si la descubres y la aplicas, te recompensa mostrándote un final extendido. Una conclusión poética para un videojuego excepcional.

Como conclusión os dejo con Scars left by Time, el tema de intro de Chrono Cross… Probablemente la mejor intro de juego que hayáis visto jamás.

Top 5: singles en 2013

2013 ha sido un año bastante desastroso en varios aspectos que no me detendré a comentar, pero en lo que se refiere a la música ha sido un año glorioso. He disfrutado como una enana con la multitud de releases, singles y novedades, y se me queda un muy buen sabor de boca al mirar hacia atrás y recordar las sensaciones que me ha producido cada canción. Por eso me apetecía elaborar un modesto Top 5 con los que, para mi gusto, han sido los mejores singles de 2013.

5. Hambre – Izal. Izal han sido mi descubrimiento más reciente dentro del Indie español, y he querido homenajear a nuestro malogrado panorama musical incluyéndolos en la lista. Con un sonido similar a Vetusta Morla pero con letras menos ambiciosas, me parecen un grupo muy prometedor. Además de ser musicalmente muy interesante, su single Hambre es un derroche de rabia e instinto que sí, ¡me pone a cien!

4. Radioactive – Imagine Dragons. Pegó muy fuerte gracias a las promos de Assassin’s Creed pero es un temazo por derecho propio. Es ese tipo de música que te hace mover el esqueleto y al mismo tiempo se te mete dentro, llevándote al subidón incluso aunque no le prestes atención.

3. Get Lucky – Daft Punk. Tratándose de uno de los temas más escuchados del año poco puedo decir sobre este instant classic que no se haya dicho ya. Tecno con un toque de funk y soul y un tema eterno: las ganas que tenemos todos de pasarlo bien y de soñar con la suerte.

2. Counting Stars – One Republic. Lo reconozco: es posible que lo haya puesto tan alto en la lista porque esta canción me transmite buen rollo puro. Cada vez que la escucho me activa y me da ganas de comerme el mundo. Poderosamente optimista y al mismo tiempo un tanto melancólica. Mi verso favorito: everything that kills me makes me feel alive.

1. Reflektor – Arcade Fire. Una vez más, Arcade Fire se superan a si mismos y nos traen un single capaz de redefinir la música dance. Este no es un tema para fardar de disco y vender, esto es música pura. Apocalíptico, irreverente, desenfadado y lleno de un sentimiento casi perverso, Reflektor recoge todas las incongruencias de nuestro tiempo y  nuestras inseguridades y nos pone a bailar bajo su son. Como muy bien lo definió un usuario en You Tube: esto es música dance para el fin del mundo. ¡Y con David Bowie!

Sing the song, Vern

Pauler cantando

Ultimamente ando muy musical. Los que me conocéis probablemente ya sabréis que la música es una de mis grandes pasiones. Desde pequeña toco el piano, canto en un coro, estudio solfeo y todas esas cosas renacentistas que a los padres les encanta que hagan sus hijos. Hace ya años que no doy clase de nada de esto porque yo en cuanto algo deja de divertirme lo aparco sin contemplaciones. Lo que no quiere decir que deje de hacerlo, simplemente dejo de insistir en mejorar para poder dar cabida en mi cerebro a otras cosas nuevas. Lo cierto es que, a base de ser un culo de mal asiento, he conseguido picotear de aquí y allá hasta convertirme en un estrafalario cóctel de aficiones entre cursis y jactanciosas de las que me gusta hacer gala de vez en cuando. Por ejemplo en este post.

La música es una de esas aficiones. Paradójicamente nunca he tenido la curiosidad suficiente como para ponerme en serio y descubrirla. A ver si nos entendemos, para mí la música ha sido una constante en la vida desde muy pequeña. Me ha gustado siempre, la he estudiado y he vivido rodeada de música, pero no ha sido hasta muy mayor que me he dado cuenta de que en realidad la música es algo excepcional. Algo realmente mágico, con un gran poder, y difícil de hacer bien. Y es entonces cuando he empezado a disfrutarla de verdad, intentando mejorar mis limitadas dotes al piano, buscando grupos y autores nuevos para escuchar (alabado sea Spotify), procurando entender la lógica detrás de cada pieza (¿es mayor? ¿Es menor? ¿Bebe del blues o del folk? ¿De qué década es? Y tal y cual).

Todo esto nos lleva a mi pasión por el canto y al último proyecto absurdo al que me he sumado sin dudar. La cosa es que hacía ya tiempo que estaba un poco picadilla con eso de echar de menos el coro. Lo dejé por agotamiento, pero nunca he dejado de cantar, aunque sea en la ducha. Y en una de estas, una gran amiga mía que se dejó el coro casi a la vez que yo y que ahora ha vuelto por estar también picadilla, supongo, me llamó y me ofreció cantar en una boda por un sueldecillo risible. Ella, otra amiga y yo. Soprano1, soprano 2 y contralto. Así de risas. Y sin pensármelo mucho dije que sí. A ver, es una gran responsabilidad, y siendo solo tres no vale eso de “ya afinará el de al lado las partes chungas”. Pero coño, es que suena tan DIBERTIDO.

Bueno, de esto hace ya un mes. Hemos ensayado unas cuantas veces y la cosa va más o menos, aunque aún no nos sale todo bien. Pero como la boda es en octubre hay tiempo. Ah, y ayer dimos un recital en casa de la novia para que escucharan las canciones y tal y nos amaron. Aunque por supuesto, no tienen ni idea de música. Si la tuvieran nos habrían echado tomates al segundo de perderme en mi voz y no conseguir terminar la primera canción. En nuestra defensa diré que el Ave María de Schubert sale decente, que la solista lo peta y que la compi que hace de pianista lo toca de muerte.

Ah, y me tengo que aprender la marcha nupcial al piano para rockear the party después de eso de “podéis ir en paz”. Al igual me la grabo y hago playback, por si los sudores fríos. No puede una estropearle la marcha nupcial a nadie sin merecer pena de muerte lenta. Es mi modesta opinión.

P.D: como todo tiene un origen, he aquí el del título de mi post.