Me fascinan los tarados (II): Severus Snape

CUIDADO: Este post contiene spoilers de gran parte de la saga de Harry Potter, si no la has leído y quieres hacerlo, te recomiendo no seguir.

Aquí traigo una nueva entrega de mi serie de tarados, esta vez con mención especial a toda esa gente (grandes amigos la mayoría) que me lee y sé que es súper fan de Harry Potter, porque siempre me apoyan mucho con todo el tema de escribir y creo que un post sobre este personaje les va a hacer ilusión :). Así que nada, adelante con otro entrañable post orientado a ensalzar la belleza de la imperfección humana, esta vez con protagonismo de un peso pesado.

Severus Snape
Harry Potter, de J.K. Rowling

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Severus Snape. Dibujo oficial de Jim Kay.

Severus Snape es probabalemente el personaje más gris de los cientos que pueblan las innumerables páginas que configuran los siete volúmenes de Harry Potter y, quizá, también el más interesante. Si bien el grado de interés hacia este personaje de los lectores oscila desde la adoración absoluta al odio más profundo (yo me inclino más hacia una posición imprecisa entre estos dos puntos), lo cierto es que no deja a nadie indiferente. Y es que ya desde los primeros capítulos del primer libro Severus Snape se revela como uno de esos personajes enigma que, intuyes, acabarán por monopolizar gran parte de los momentos sorprendentes de la saga.

En un primer momento Severus Snape parece poco más que un villano. J.K.Rowling pone mucho empeño en describirlo como uno de esos magos clásicos de aspecto siniestro y gesto mezquino, obsesionados con sus matraces y sus frascos de animales en formol, que traman sus maquiavélicos planes desde las tripas de una fría mazmorra.

Este inquietante ser humano, profesor de pociones del colegio y jefe de la casa Slytherin (conocida por haber dado más magos tenebrosos que ninguna otra, entre ellos al mismo Lord Voldemort) es, además, el peor enemigo de Harry desde el minuto uno. Si bien Lord Voldemort debe odiar a Harry por tratarse del antagonista de la historia y ser Harry el niño que involuntariamente causó su caída, la certeza su amenaza no deja de ser un foco de alarma impreciso en el horizonte, algo lejano y ambiguo como una sombra. Es Severus Snape el que, en un primer momento, se convierte en la peor pesadilla para Harry (y por extensión para el lector) porque está siempre presente, es una autoridad dentro del colegio, su lengua viperina no da tregua y lo que es más, su odio visceral y casi obsesivo hacia el protagonista es del todo incomprensible.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no
le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones
supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara
Harry: lo detestaba.

-Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling.

El odio de Snape hacia Harry es constante, abrasivo, indiscriminado y del todo injusto, puesto que Harry ni siquiera entiende la razón de su inquina. Se trata, además, de una maniobra de distracción muy inteligente por parte de la autora, que en repetidas ocasiones lo aprovecha para poner al lector de parte de Harry, aun cuando éste pueda estar equivocado en sus percepciones, y utilizar a Snape para dar un giro a la historia. Es el caso por ejemplo del primer libro, Harry Potter y la Piedra Filosofal, donde el empeño de Rowling por construir la odiosa personalidad de Severus Snape es constante y acaba por revelarse como un intento de desviar la atención de Quirrell, el nervioso profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, que pasa inadvertido por su aparente pequeñez pero al final resulta ser el verdadero villano del libro.

—¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a
Percy.
—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan
nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta…Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

-Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling.

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Severus Snape es interpretado en las películas de Harry Potter por un acertadísimo Alan Rickman.

Pero si bien durante los primeros libros Snape aparenta ser poco más que un manchurrón en la ensoñadora percepción que Harry tiene del mundo mágico, pronto se revela como un personaje con muchos más niveles. Primero, en el tercer libro, el lector pasa de sentir desasosiego hacia el personaje a odiarlo profundamente, cuando por su desacertada intervención fruto del despecho, impide que Harry pueda irse a vivir con su padrino Sirius y provoca la expulsión del profesor Remus Lupin. A partir de ese momento Rowling da rienda suelta al rencor de Harry, que impregna todas las páginas y llega como es inevitable hasta el lector, al tiempo que empieza a revelar más detalles sobre el personaje y confirma su antigua adhesión a la causa de Lord Voldemort.

—¡No! —gritó Karkarov, desesperado—. ¡Espere, tengo más!
A la luz de las antorchas, Harry pudo verlo sudar. Su blanca piel contrastaba claramente con el negro del cabello y la barba.
—¡Snape! —gritó—. ¡Severus Snape!
—Snape ha sido absuelto por esta Junta —replicó el señor Crouch con
frialdad—. Albus Dumbledore ha respondido por él.
—¡No! —gritó Karkarov, tirando de las cadenas que lo ataban a la silla—.
¡Se lo aseguro! ¡Severus Snape es un mortífago!
Dumbledore se puso en pie.
—Ya he declarado sobre este asunto —dijo con calma—. Es cierto que
Severus Snape fue un mortífago. Sin embargo, se pasó a nuestro lado antes de
la caída de lord Voldemort y se convirtió en espía a nuestro servicio, asumiendo
graves riesgos personales. Ahora no tiene de mortífago más que yo
mismo.
Harry se volvió para mirar a Ojoloco Moody. A espaldas de Dumbledore, su
expresión era de escepticismo.

-Harry Potter y el Cáliz de Fuego, J.K. Rowling.

Es a partir de ese momento cuando una empieza a sospechar que hay gato encerrado y cuando Rowling se lanza a jugar las cartas para generar dudas sobre las lealtades de Severus Snape. Porque su actitud hacia Harry (y en general hacia cualquiera que le resulte antipático) es deplorable, pero Albus Dumbledore, que es el director de Hogwarts y representa en estos libros todo lo que es bueno, sabio y justo, no deja de defenderlo. Una empieza entonces a dudar de verdad sobre este personaje: ¿es bueno? ¿Es malo? Pues bien, como la misma Rowling dice cuando le preguntan, ni una cosa ni la otra. A lo largo de los siete libros Snape se va construyendo poco a poco, tomando su verdadera forma ante los ojos del lector muy lentamente para llegar a la configuración final: la de un personaje moralmente ambiguo pero definitivamente trágico. Inteligente, pero atormentado por una infancia triste. Leal, pero torturado por el dolor de un amor imposible. Y al mismo ritmo lento con el que se desarrolla la historia se desarrolla el personaje de Snape, que pasa de ser ese villano insufrible y casi caricaturesco del primer libro a convertirse por fin en un ser humano. A veces odioso, a veces conmovedor.

Uno de los momentos más dramáticos y recordados de este personaje tiene lugar al final de sexto libro, cuando contra todo pronóstico Albus Dumbledore muere asesinado a manos del propio Snape y Harry corre tras él para acusarle, lleno de odio.

En el pálido semblante de Snape, iluminado por la cabaña en llamas, se reflejaba el odio de la misma forma que antes de echarle la maldición al anciano profesor.
—¿Cómo te atreves a utilizar mis propios hechizos contra mí, Potter? ¡Yo los inventé! ¡Yo soy en Príncipe Mestizo! Y tú pretendes atacarme con mis inventos, como tu asqueroso padre, ¿eh? ¡No lo permitiré! ¡No!
Harry se lanzó para recuperar la varita, pero Snape le arrojó un maleficio y la varita salió volando y se perdió en la oscuridad.
—Pues máteme —dijo Harry resoplando; no sentía miedo, sólo rabia y desprecio-. Máteme como lo mató a él, cobarde de…
—¡¡No me llames cobarde!! —bramó Snape, y su cara adoptó una expresión enloquecida, inhumana, como si estuviera sufriendo tanto como el perro que ladraba y aullaba sin cesar en la cabaña incendiada.

—Harry Potter y el Misterio del Príncipe, J.K. Rowling.

En definitiva Severus Snape es brillante, valiente y leal, pero también es vengativo, ambicioso y propenso a la inquina. Extiende el desprecio y los celos que siente por James Potter, el padre de Harry, hacia su hijo sin que exista justificación posible, simplemente poque le recuerda a él. Y son precisamente su odio y su despecho fruto de un amor frustrado los que le llevan a tomar decisiones terribles cuyas consecuencias se ve obligado a acarrear durante toda la historia y que acabarán por matarlo al final. Pero también son su valentía y su lealtad las que en última instancia le redimen y le dan la fuerza para sacrificarse por la seguridad del mundo mágico.

Es por esto que Harry, en el epílogo de la historia, nombra a su hijo mediano Albus Severus en honor de su antiguo profesor de pociones. Y es por esto también que Severus Snape es, ente los fans, el personaje de Harry Potter que más entusiasmo despierta, más fanfictions inspira y más lealtades levanta.

Harry se puso en cuclillas y su cara quedó a la altura de la de Albus. El chico era el único de sus tes hijos que había heredado los ojos de Lily.
—Albus Severus —susurró Harry para que no los oyera nadie más que Ginny, y ella fue lo bastante discreta para fingir que estaba diciéndole adiós con la mano a Rose, que ya había subido al tren—, te pusimos los nombres de dos directores de Hogwarts. Uno de ellos era de Slytherin, y seguramente era el hombre más valiente que jamás he conocido.

—Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, J.K. Rowling.

Nota: por si os lo estabais preguntando no, Severus Snape no es mi personaje favorito de Harry Potter, pero ya hablaremos más adelante de esto :D.

 

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Haprender ha hezkrivir

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Resulta que el 94,5% de las cosas que escribo en este blog son consecuencia de cavilaciones absurdas que se me vienen a la cabeza cuando me encuentro inmersa en actividades tediosas como por ejemplo esperar al autobús. Y al proporcionaros este dato he utilizado un porcentaje tan aleatorio como escandalosamente falso porque alterar las estadísticas está muy de moda y me apetecía jactarme.

Párrafos introductorios aparte, pasa que últimamente estoy bastante creativa. No tengo tiempo para ejecutar prácticamente nada de lo que se me ocurre, pero mi cabeza está en plena y constante ebullición. Al mismo tiempo mi corta pero de momento satisfactoria relación con el mundo laboral me ha hecho darme cuenta de una verdad verdadera: ser bueno ideando no es lo mismo que ser bueno ejecutando. Parece una chorrada, pero no lo es. La mayoría de veces que tenemos una idea brillante (o que creemos brillante) e intentamos ponerla en práctica fracasamos estrepitosamente. O eso, o no llegamos ni a despegar porque no nos planteamos una pregunta de base: ¿somos la persona más indicada para llevarla a cabo?

No estoy hablando de negocios. Los negocios son un terreno inexplorado para mí, tan amenazante como misterioso, y dudo que nunca llegue a adentrarme en sus espinosos derroteros. O dicho de otra manera: que paso total del tema. Yo hablo más bien de las ideas creativas y de nuestra habilidad, muchas veces dudosa, para ser capaces de transmitirlas.

Pongamos por ejemplo la escritura. Escribir es algo que mucha gente (más de la que parece) hace por diversión. Escribir es relativamente fácil. Tener ideas también. Ahora, lo difícil es tener una buena idea y ser capaz de transmitirla exactamente como ésta lo pide. Esto vale para casi cualquier género, y de hecho no es complicado encontrar toda clase de escritos infumables elaborados por personas que creyeron tener una buena idea pero obviaron que su capacidad para transmitirla no estaba a la altura de su imaginación. Si entramos en el género de la narrativa de ficción las cifras de infumabilidad ya se disparan. Hay tanta gente que se cree capaz de escribir ficción simplemente porque es capaz de imaginarla, que el mercado está ninundado de auténtica mediocridad en forma de best-sellers.

A lo mejor tengo un concepto un tanto marginal de la literatura, pero para mí lo importante en una novela nunca ha sido lo que pasa, sino cómo me lo cuentan. Lo que pasa es importante, por supuesto, y si un libro además de ser interesante es emocionante, mejor que mejor. Pero he leído muchos libros en los que no pasa nada espectacular o fuera de lo normal y que igualmente consiguen ser una delicia. Es el caso de El Lobo Estepario de Herman Hesse, por poner un ejemplo, o de La Conjura de los Necios de John Kennedy Toole. Por otra parte existen libros como Harry Potter donde todo lo que ocurre oscila entre lo fantástico y lo surrealista y nunca para la acción, pero al mismo tiempo están tan bien contados, su trama tan bien hilada, que como lector uno siente que no puede pedir más.

Para resumir, a la hora de leer un libro yo ordeno mis prioridades de la siguiente manera: uso del lenguaje – personajes – trama – historia. Y cada vez me encuentro con más best-sellers que se convierten en una frustración para mí a las pocas líneas de empezar la historia. Porque muchas veces los escritores dan prioridad a la rocambolesca historia que han hilado en su cabeza y como consecuencia descuidan otros aspectos esenciales, lo que les lleva a caer en clichés tan odiosos como el típico personaje femenino que va de imperfecto pero en realidad cumple con todos los estereotipos habidos o por haber, o el irritante recurso del narrador omnisciente que no sólo sabe todo lo que ocurre, sino que también sabe lo que piensan, sienten y quieren TODOS los personajes y te lo cuenta incluso cuando es del todo innecesario. Kill. Them. All.

El ejemplo más paradigmático y de relativa actualidad que se me ocurre ahora mismo es el caso de Cincuenta Sombras de Grey. He aquí una saga cuyo mayor logro ha sido ser beneficiaria de una publicidad más que sobresaliente. Las portadas de los libros son elegantes, los títulos enigmáticos, el tema morboso. Una llega a creer que va a encontrar algo de verdadera calidad entre sus páginas. Eso hasta que lo abre y lee el primer párrafo:

Me miro en el espejo y frunzo el ceño, frustrada. Qué asco de pelo. No hay manera con él. Y maldita sea Katherine Kavanagh, que se ha puesto enferma y me ha metido en este lío. Tendría que estar estudiando para los exámenes finales, que son la semana que viene, pero aquí estoy, intentando hacer algo con mi pelo. No debo meterme en la cama con el pelo mojado. No debo meterme en la cama con el pelo mojado. Recito varias veces este mantra mientras intento una vez más controlarlo con el cepillo. Me desespero, pongo los ojos en blanco, después observo a la chica pálida, de pelo castaño y ojos azules exageradamente grandes que me mira, y me rindo. Mi única opción es recogerme este pelo rebelde en una coleta y confiar en estar medio presentable.
-Cincuenta Sombras de Grey, E. L. James
Hay tantos estereotipos concentrados en estas 137 palabras que dan ganas de sacar una Pokéball y gritar “Cath ‘em all!”. Dejando al margen el hecho de que es más que evidente que la protagonista es tonta de remate (aunque la autora nos la quiere vender como una intelectual, con eso de que se está preparando los exámenes finales) lo primero que me irrita de esta introducción es lo ridículamente fría y vacua que es. Vale, cumple su objetivo, nos situa la acción. Una tarada mental peinándose delante de un espejo y preocupada por algo. Pero no aporta emoción, no aporta contexto, no aporta nada de nada. La autora se ha limitado a describir una imagen en su cabeza como el que recita de memoria un abecedario. Lo hace a través del personaje, sí, pero ni siquiera utiliza este recurso con un mínimo de gracia.
El segundo cliché agonioso es el de utilizar el espejo para poder describir a un personaje que cuenta la historia en primera pesona. La preocupación exagerada por describir el aspecto físico de los personajes con todo lujo de detalles es un error de principiante muy común, espeialmente en mi generación, tan afectada por la cultura de la imagen y condicionada por toda clase de géneros narrativos visuales. Describir a los personajes ayuda a plasmar el mundo que has creado pero difícilmente es algo relevante para lo que intentas transmitir, así que si quieres describirlos por lo menos busca una manera original o elegante de hacerlo. Pero el espejo. Es un cliché TAN pero TAN manido que meterlo en el primer párrafo de tu historia es poco más que cutre de cojones. No, en serio, me pone mala.
Por último: ella. Ella es la encarnación de todo lo que no debe ser un personaje femenino en una novela. Es la protagonista de la historia y como tal vas a tener que pasar mucho tiempo con ella si quieres acabarte esta infumable trilogía de principio a fin (cosa que yo he hecho con la vaga esperanza de que alguien reconociera mi mérito y me diera un premio, pero no) e incluso así ya desde el primer párrafo resulta cansina. Está peinándose delante de un espejo cual princesa de cuento (cliché), preocupada porque su pelo es rebelde (cliché) y agobiada porque tiene que hacerle un favor a alguien y no va a estar lo suficientemente presentable (cliché, cliché y más cliché). Para rematarlo, es repetitiva, predecibhle y en general poco interesante. Aquí creo que la autora se hizo un lío entre lo que consideraba debe ser un personaje femenino creíble y lo importante que era para ella que su protagonista fuera “absolutamente encantadora”. Writer, go home.

Podría seguir extendiéndome sobre mi odio visceral hacia la protagonista, el estilo narratino y la trama (o la ausencia de ella) de Cincuenta Sombras de Grey, pero no lo haré porque para ser justa tendría que detenerme sobre el protagonista masculino, lo único que verdaderamente vale la pena de todo el libro, y no acabaría en la vida esta entrada. Lo que quería, más bien, es ejemplificar cómo una buena idea puede ser ejecutada de la peor manera posible. En este ejemplo sólo tenemos historia, no hay literatura ni trama. Y de todos los personajes que aparecen en el libro sólo hay uno que parece más o menos real e interesamte, como mucho dos. Conclusión: MALA EJECUCIÓN, MAL LIBRO.

En lo que a mí respecta, soy escritora amateur y nunca he publicado nada, pero escribo mucho y sobre todo leo mucho. Sé lo difícil que es escribir una novela porque lo he intentado varias veces. Y sé que soy buena imaginando, decente usando el lenguaje, pero un auténtico desastre organizando la trama. De ahí que nunca termine lo que empiezo, pero igual que sé ver mis propios errores puedo reconocer fácilmente los de los demás. Y tngo que decir que no me cabrea que editen y publiquen cosas malas, si a la gente le gusta y lo lee me parece bien. Lo que me cabrea es que la gente baje sus estándares y dé por bueno lo que es pura mediocridad bien presentada. Y lamentablemente esto ocurre cada vez con más frecuencia.

Así que señores escritores aprendar a escribir. Pero sobre todo, señores lectores, ¡aprendan a leer!