Acerca de Pauler

Tengo carnet de friki pero también de moderna. Me verás deambulando por FNAC o Ruzafa adquiriendo cultura y saqueando buffets gratuitos. Los videojuegos ocupan un lugar en mi Top 10 junto a la música, los libros y las tostadas con tomate.

Jude the Obscure: el “haber si me muero” de Thomas Hardy

¡Cuidado, spoilers! Si no queréis saber detalles del argumento y desenlace de Jude the Obscure mejor no sigáis leyendo.

Ocurre que me compré esta novela en unas circunstancias un tanto extrañas. No había leído nada de Thomas Hardy y, estando de visita en La Central de Madrid en Callao, me encontré de pronto hojeando una edición particularmente bonita de otra novela suya: Tess of the d’Ubervilles. Había leído alguna cosa sobre este libro y me habían llegado opiniones de diversa índole al respecto de su contenido (está muy bien, está fatal). Pensando que era una buena ocasión para formarme mi propia opinión cogí el ejemplar de Tess y, justo en ese momento, una señora desconocida se me plantó al lado y empezó a hablarme de Thomas Hardy con todo el fervor del que es capaz una fan. Yo estaba decidida a llevarme Tess porque era el libro que conocía y suscitaba mi curiosidad, pero influenciada por esta vehemente lectora, acabé por añadir también al ticket de compra la última novela y quizá también la más controvertida de Thomas Hardy: Jude the Obscure.

Como he dicho, ese mismo día me llevé también Tess of the d’Ubervilles, novela que leí hace ya más de un año. Por diversas circunstancias no había podido ponerme con Jude the Obscure hasta ahora y tengo que decir que, donde Tess me pareció una mera tragedia griega moralista y pesada, Jude me ha parecido una lectura mucho más interesante por lo arriesgada, incluso rupturista que puede parecer si tenemos en cuenta la época en que fue escrita. Esta fue la historia cuya recepción por parte de público y crítica a finales del siglo XIX quitó para siempre a Thomas Hardy las ganas de escribir más novelas. En ella Hardy plasma su frustración evidente con los convencionalismos de la época, especialmente con el matrimonio, la religión y el clasismo. Algunas de las nociones e ideas que plasma en el texto, aunque de forma tímida y contradictoria, fueron percibidas por muchos como revolucionarias hasta el punto de que un obispo llegó a quemar un ejemplar del libro. Thomas Hardy declaró poco después: “imagino que ante la imposibilidad de quemarme a mí”. La escena crítica, tanto negativa como positiva, alcanzó tintes apasionados y Hardy se encontró con una polémica entre manos que jamás había querido. Como consecuencia decidió dejar de escribir novelas y centrarse en la poesía que, según él, le permitía expresar sus ideas y opiniones con mayor libertad.

Jude the Obscure, aunque aparentemente centrada en el protagonista masculino por su título, nos narra en realidad las aventuras y desventuras de dos almas gemelas que, por la naturaleza de sus ideas y aspiraciones, están condenadas al fracaso: Jude Fawley y Sue Bridehead. El primero es un joven de clase baja que sueña con estudiar en la Universidad de Christminster (el nombre que inventa Hardy para Oxford) y ser doctor en Las Escrituras. Pero Jude tiene un carácter contradictorio y, dónde su mente aspira a abrazar el conocimiento y la luz a través de la religión, su naturaleza humana se inclina hacia los vicios mundanos (las mujeres y el alcohol, básicamente). Un primer matrimonio fallido ya apunta a que Jude no será capaz de ganar la partida al destino. Cuando Christminster le cierra las puertas por mera razón de clase, Jude se encuentra atrapado por unos votos sin amor y condenado a una humilde vida de artesano para la que no está especialmente capacitado, siempre a dos aguas entre el mundo que aspira tocar algún día (el interior de los muros de la Universidad) y el mundo que habita y en el que no encaja (su clase social).

Por su parte la protagonista femenina, Sue Bridehead, es la prima de Jude y por tanto también de clase baja. Pero al contrario que él, se contenta con llevar una vida discreta e independiente renegando de la universidad y de la religión. Ve en la primera un pozo fastuoso de decadencia autoindulgente, y en la segunda un compendio de dogmas que no atienden ni al sentido común, ni a la razón, ni a sus propios instintos. Donde Jude busca encajar en la sociedad y ascender peldaños, Sue tiene la determinación de vivir según sus propias ideas, aún si esto la condena al ostracismo y al abandono. Sue se nos presenta como un personaje enigmático: guapa, pero inasible; brillante, pero errática; dulce, pero distante. Y por supuesto el infeliz de Jude no tarda en enamorarse de ella pese a tener todas las señales en contra: no sólo Sue es su prima, sino que además ésta no muestra indicio alguno de ser capaz de sentir algo parecido al deseo ni por Jude ni por ningún hombre conocido.

Ni que decir tiene que de los dos personajes principales la más interesante por lo complejo de su personalidad y por su independencia es Sue. Esto resulta todavía más reseñable si tenemos en cuenta que Hardy era un señor del siglo XIX que no podía evitar mirar a las mujeres a través de un velo patriarcal bastante espesito, como es común entre los escritores masculinos de su época. Sue no se libra en su libro de juicios de valor no pedidos por parte del narrador (que hacen alusión, cómo no, a su debilidad de sexo y otras frases dignas para enmarcar) pero al mismo tiempo es un personaje muy bien construido. Sue no se ve influenciada por las fuerzas dominantes a su alrededor tales como la convención o la censura social y tan solo confía en su propio instinto y sus convicciones para orientarse en la vida. De hecho, es Sue la que ejerce influencia sobre Jude y no al revés: él se enamora de ella, él la sigue allá dónde va (incluso cuando ella contrae un matrimonio por conveniencia y se muda de ciudad) y él muta sus convicciones religiosas e incluso sus aspiraciones por ideas de corte más humanista sencillamente porque esa es la influencia que la poderosa mente de Sue tiene sobre él. El propio Jude alude a la inteligencia superior de Sue como una de las razones de su amor por ella.

Obviamente Hardy no consigue estar a la altura de su personaje y en un giro argumental bastante absurdo se carga a los hijos de Sue, haciéndola flaquear en todas sus convicciones y convirtiéndola de la noche a la mañana en una mártir piadosa. Críticos del momento señalaron, no sin razón, que de haber sido Thomas Hardy una mujer jamás habría permitido que su personaje se derrumbara de esa manera, pasando de ser humana en una página a convertirse en un mero recurso narrativo en la siguiente.

Pero dejando de lado las decisiones narrativas de Hardy, aún más interesante que su enigmática personalidad lo verdaderamente revolucionario de Sue como personaje es su total desapego del deseo sexual. Contrario a lo que podría parecer, Hardy no pinta a un personaje asexuado por lo angelical, intangible en su santidad, como también es frecuente en este tipo de personajes femeninos. Lo curioso es que Sue es perfectamente humana, es capaz de sentir amor romántico y celos, y es capaz de sufrir por Jude de la forma en que un amante sufre por el otro. Sin embargo Sue no siente deseo sexual, ni siquiera tolera demasiado bien los besos de su supuesto amado. Sin saber realmente que existía un término para ello, Thomas Hardy creó a un personaje asexual perfectamente humano y creíble. Sue Bridehead quiere a Jude, pero una vez se confiesan su amor, ambos se divorcian de sus respectivos cónyuges y conceden en vivir juntos, ve la necesidad de acostarse con él como un mero trámite para mantenerlo a su lado. Sue mantiene este rechazo al sexo y lo carnal hasta el final del libro, en el que voluntariamente vuelve junto a su primer marido como una forma perversa de redención de lo que ella cree que han sido sus pecados (negar a Dios, vivir con Jude y concebir hijos fuera del matrimonio) y se entrega a él en un acto de sacrificio personal que resulta entre trágico y cómico por lo hiperbólico de su rechazo.

Otro punto a tener en cuenta es la relación entre Jude y Sue. Su amor evoluciona primero de una fijación platónica por parte de Jude hacia Sue hacia una comprensión más profunda entre ambos que deriva, finalmente, en la unión de sus almas. Este concepto de amor, de un mismo ser dividido en dos, fue representado por primera vez en ficción en la revolucionaria novela de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas, publicada en 1847. Hardy hace referencia a esta cualidad de Jude y Sue de ser “dos que forman uno” en repetidas ocasiones, imagen que se atribuye a su lectura de la novela de Emily un tiempo antes de empezar a escribir Jude.

Si bien el argumento de Jude the Obscure es la típica tragedia de Thomas Hardy con su destino inapelable, sus sentimientos exacerbados y sus decisiones extremas que no llevan a ningún lado, lo que me ha parecido reseñable del libro es la sensación constante de hartazgo que transmite el autor a través de sus líneas. Camuflada bajo una trama de aparente superación personal y lucha contra el destino subyace una reivindicación de la liberación del individuo frente a las convenciones. Hardy arremete contra el matrimonio (tanto Jude como Sue consideran los sagrados lazos como un trámite ridículo y exagerado en sus condiciones), contra el clasismo (el propio Jude, con su deseo de estudiar para ganar poder social, es un símbolo de esta protesta) e incluso contra la religión. Las ideas humanistas de Sue permean al beato Jude hasta el punto en que éste decide abandonar su carrera (de todas formas fallida) como estudiante de las escrituras y empieza a cuestionar su fe. Al final es la religión la que propicia la tragedia cuando Sue, rota por la muerte de sus hijos, decide mirar otra vez hacia Dios para buscar un camino. Algo que por supuesto no hace más que acabar de estropear las cosas.

Para concluir diré que, si bien esta novela no se ha ganado un puesto entre mis favoritas porque como es costumbre en Thomas Hardy carece de la pasión y honestidad que me enamoran en otros autores, sí que me resultó curiosa de leer por sus tintes de denuncia social y por la complejidad de sus personajes. Sobre todo me pareció muy interesante por el tono de lamento del autor, a quien es inevitable imaginar por detrás de las páginas pataleando muy fuerte contra el suelo. Y por supuesto por la polémica que despertó en el momento de su publicación. Que sea subversivo en algún sentido es lo mínimo que, hoy por hoy, le pido a un libro para que me apetezca reseñarlo.

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Me fascinan los tarados (II): Severus Snape

CUIDADO: Este post contiene spoilers de gran parte de la saga de Harry Potter, si no la has leído y quieres hacerlo, te recomiendo no seguir.

Aquí traigo una nueva entrega de mi serie de tarados, esta vez con mención especial a toda esa gente (grandes amigos la mayoría) que me lee y sé que es súper fan de Harry Potter, porque siempre me apoyan mucho con todo el tema de escribir y creo que un post sobre este personaje les va a hacer ilusión :). Así que nada, adelante con otro entrañable post orientado a ensalzar la belleza de la imperfección humana, esta vez con protagonismo de un peso pesado.

Severus Snape
Harry Potter, de J.K. Rowling

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Severus Snape. Dibujo oficial de Jim Kay.

Severus Snape es probabalemente el personaje más gris de los cientos que pueblan las innumerables páginas que configuran los siete volúmenes de Harry Potter y, quizá, también el más interesante. Si bien el grado de interés hacia este personaje de los lectores oscila desde la adoración absoluta al odio más profundo (yo me inclino más hacia una posición imprecisa entre estos dos puntos), lo cierto es que no deja a nadie indiferente. Y es que ya desde los primeros capítulos del primer libro Severus Snape se revela como uno de esos personajes enigma que, intuyes, acabarán por monopolizar gran parte de los momentos sorprendentes de la saga.

En un primer momento Severus Snape parece poco más que un villano. J.K.Rowling pone mucho empeño en describirlo como uno de esos magos clásicos de aspecto siniestro y gesto mezquino, obsesionados con sus matraces y sus frascos de animales en formol, que traman sus maquiavélicos planes desde las tripas de una fría mazmorra.

Este inquietante ser humano, profesor de pociones del colegio y jefe de la casa Slytherin (conocida por haber dado más magos tenebrosos que ninguna otra, entre ellos al mismo Lord Voldemort) es, además, el peor enemigo de Harry desde el minuto uno. Si bien Lord Voldemort debe odiar a Harry por tratarse del antagonista de la historia y ser Harry el niño que involuntariamente causó su caída, la certeza su amenaza no deja de ser un foco de alarma impreciso en el horizonte, algo lejano y ambiguo como una sombra. Es Severus Snape el que, en un primer momento, se convierte en la peor pesadilla para Harry (y por extensión para el lector) porque está siempre presente, es una autoridad dentro del colegio, su lengua viperina no da tregua y lo que es más, su odio visceral y casi obsesivo hacia el protagonista es del todo incomprensible.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no
le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones
supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara
Harry: lo detestaba.

-Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling.

El odio de Snape hacia Harry es constante, abrasivo, indiscriminado y del todo injusto, puesto que Harry ni siquiera entiende la razón de su inquina. Se trata, además, de una maniobra de distracción muy inteligente por parte de la autora, que en repetidas ocasiones lo aprovecha para poner al lector de parte de Harry, aun cuando éste pueda estar equivocado en sus percepciones, y utilizar a Snape para dar un giro a la historia. Es el caso por ejemplo del primer libro, Harry Potter y la Piedra Filosofal, donde el empeño de Rowling por construir la odiosa personalidad de Severus Snape es constante y acaba por revelarse como un intento de desviar la atención de Quirrell, el nervioso profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, que pasa inadvertido por su aparente pequeñez pero al final resulta ser el verdadero villano del libro.

—¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a
Percy.
—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan
nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta…Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

-Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling.

snape

Severus Snape es interpretado en las películas de Harry Potter por un acertadísimo Alan Rickman.

Pero si bien durante los primeros libros Snape aparenta ser poco más que un manchurrón en la ensoñadora percepción que Harry tiene del mundo mágico, pronto se revela como un personaje con muchos más niveles. Primero, en el tercer libro, el lector pasa de sentir desasosiego hacia el personaje a odiarlo profundamente, cuando por su desacertada intervención fruto del despecho, impide que Harry pueda irse a vivir con su padrino Sirius y provoca la expulsión del profesor Remus Lupin. A partir de ese momento Rowling da rienda suelta al rencor de Harry, que impregna todas las páginas y llega como es inevitable hasta el lector, al tiempo que empieza a revelar más detalles sobre el personaje y confirma su antigua adhesión a la causa de Lord Voldemort.

—¡No! —gritó Karkarov, desesperado—. ¡Espere, tengo más!
A la luz de las antorchas, Harry pudo verlo sudar. Su blanca piel contrastaba claramente con el negro del cabello y la barba.
—¡Snape! —gritó—. ¡Severus Snape!
—Snape ha sido absuelto por esta Junta —replicó el señor Crouch con
frialdad—. Albus Dumbledore ha respondido por él.
—¡No! —gritó Karkarov, tirando de las cadenas que lo ataban a la silla—.
¡Se lo aseguro! ¡Severus Snape es un mortífago!
Dumbledore se puso en pie.
—Ya he declarado sobre este asunto —dijo con calma—. Es cierto que
Severus Snape fue un mortífago. Sin embargo, se pasó a nuestro lado antes de
la caída de lord Voldemort y se convirtió en espía a nuestro servicio, asumiendo
graves riesgos personales. Ahora no tiene de mortífago más que yo
mismo.
Harry se volvió para mirar a Ojoloco Moody. A espaldas de Dumbledore, su
expresión era de escepticismo.

-Harry Potter y el Cáliz de Fuego, J.K. Rowling.

Es a partir de ese momento cuando una empieza a sospechar que hay gato encerrado y cuando Rowling se lanza a jugar las cartas para generar dudas sobre las lealtades de Severus Snape. Porque su actitud hacia Harry (y en general hacia cualquiera que le resulte antipático) es deplorable, pero Albus Dumbledore, que es el director de Hogwarts y representa en estos libros todo lo que es bueno, sabio y justo, no deja de defenderlo. Una empieza entonces a dudar de verdad sobre este personaje: ¿es bueno? ¿Es malo? Pues bien, como la misma Rowling dice cuando le preguntan, ni una cosa ni la otra. A lo largo de los siete libros Snape se va construyendo poco a poco, tomando su verdadera forma ante los ojos del lector muy lentamente para llegar a la configuración final: la de un personaje moralmente ambiguo pero definitivamente trágico. Inteligente, pero atormentado por una infancia triste. Leal, pero torturado por el dolor de un amor imposible. Y al mismo ritmo lento con el que se desarrolla la historia se desarrolla el personaje de Snape, que pasa de ser ese villano insufrible y casi caricaturesco del primer libro a convertirse por fin en un ser humano. A veces odioso, a veces conmovedor.

Uno de los momentos más dramáticos y recordados de este personaje tiene lugar al final de sexto libro, cuando contra todo pronóstico Albus Dumbledore muere asesinado a manos del propio Snape y Harry corre tras él para acusarle, lleno de odio.

En el pálido semblante de Snape, iluminado por la cabaña en llamas, se reflejaba el odio de la misma forma que antes de echarle la maldición al anciano profesor.
—¿Cómo te atreves a utilizar mis propios hechizos contra mí, Potter? ¡Yo los inventé! ¡Yo soy en Príncipe Mestizo! Y tú pretendes atacarme con mis inventos, como tu asqueroso padre, ¿eh? ¡No lo permitiré! ¡No!
Harry se lanzó para recuperar la varita, pero Snape le arrojó un maleficio y la varita salió volando y se perdió en la oscuridad.
—Pues máteme —dijo Harry resoplando; no sentía miedo, sólo rabia y desprecio-. Máteme como lo mató a él, cobarde de…
—¡¡No me llames cobarde!! —bramó Snape, y su cara adoptó una expresión enloquecida, inhumana, como si estuviera sufriendo tanto como el perro que ladraba y aullaba sin cesar en la cabaña incendiada.

—Harry Potter y el Misterio del Príncipe, J.K. Rowling.

En definitiva Severus Snape es brillante, valiente y leal, pero también es vengativo, ambicioso y propenso a la inquina. Extiende el desprecio y los celos que siente por James Potter, el padre de Harry, hacia su hijo sin que exista justificación posible, simplemente poque le recuerda a él. Y son precisamente su odio y su despecho fruto de un amor frustrado los que le llevan a tomar decisiones terribles cuyas consecuencias se ve obligado a acarrear durante toda la historia y que acabarán por matarlo al final. Pero también son su valentía y su lealtad las que en última instancia le redimen y le dan la fuerza para sacrificarse por la seguridad del mundo mágico.

Es por esto que Harry, en el epílogo de la historia, nombra a su hijo mediano Albus Severus en honor de su antiguo profesor de pociones. Y es por esto también que Severus Snape es, ente los fans, el personaje de Harry Potter que más entusiasmo despierta, más fanfictions inspira y más lealtades levanta.

Harry se puso en cuclillas y su cara quedó a la altura de la de Albus. El chico era el único de sus tes hijos que había heredado los ojos de Lily.
—Albus Severus —susurró Harry para que no los oyera nadie más que Ginny, y ella fue lo bastante discreta para fingir que estaba diciéndole adiós con la mano a Rose, que ya había subido al tren—, te pusimos los nombres de dos directores de Hogwarts. Uno de ellos era de Slytherin, y seguramente era el hombre más valiente que jamás he conocido.

—Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, J.K. Rowling.

Nota: por si os lo estabais preguntando no, Severus Snape no es mi personaje favorito de Harry Potter, pero ya hablaremos más adelante de esto :D.

 

Symphony of the Goddesses: música para contar historias

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Recientemente he tenido la maravillosa oportunidad de asistir al concierto en directo de Symphony of the Goddesses en Madrid. Para los que no lo sepan, se trata de un espectáculo basado en la banda sonora de la saga de videojuegos The Legend of Zelda, en el que una orquesta filarmónica y un coro de voces mixtas interpretan una serie de canciones y medleys extraídos de los juegos mientras proyectan en una pantalla imágenes y vídeos de la propia saga. Para muchos un evento de este tipo sonará a chino, pero lo cierto es que se trata de un show que lleva dando la vuelta al mundo desde 2012 y que ha arrastrado a miles de fans a las salas de conciertos desde que empezó. Para que os hagáis una idea más aproximada del tema, aquí dejo un video del concierto de mayo de 2013 en Toronto.

La verdad es que estar de cuerpo presente en este concierto y poder constatar de primera mano la enorme cantidad de gente que asistió (el Palacio Vista Alegre estaba hasta los topes) me hizo reflexionar sobre el papel importantísimo que juega la música a la hora de anclar nuestras experiencias a emociones concretas. Es evidente que la mayoría de las personas allí presentes, si no todos, éramos fans de la saga. Aún así me parece interesante señalar el hecho que se trata de una saga de videojuegos y nadie había ido allí con la idea de compartir la dimensión lúdica del asunto. No; se trataba más bien de compartir las emociones que los juegos nos habían provocado. La gente suspiraba, gritaba, reía, casi lloraba cada vez que reconocía un fragmento concreto de melodía. Pero reconocerlo no era el fin de todo esto, más bien era girarse hacia tus acompañantes y descubrir, con una ilusión casi infantil, que a ellos les estaba provocando el mismo sentimiento inequívoco de profundo disfrute.

¿Pero cómo puede producir emociones tan intensas y reales un videojuego, que no deja de ser un producto de entretenimiento en su máxima expresión? Para mí la respuesta a esta pregunta no supone ningún misterio, aunque sé que para mucha gente es algo incomprensible. Pero lo cierto es que los videojuegos se valen de las mismas herramientas que la narrativa clásica lleva siglos empleando en otros géneros y que, de la misma manera que funcionan en el cine, la literatura o el teatro, funcionan también en estos injustamente denostados productos digitales. La diferencia fundamental es que en el caso de los videojuegos el jugador es un agente más y por tanto sus decisiones influyen en lo que se quiere comunicar. La manera en la que el jugador asiste al fenómeno de la narrativa en un videojuego es por todo esto mucho más desordenada, errática y confusa, pero no por ello menos potente. Y la música, por descontando, es un factor fundamental para lograr esa conexión emocional de la que hablo.

Utilizo la saga de Zelda y el ejemplo de Symphony of the Goddesses para ilustrar todo esto no solo porque los juegos tengan una banda sonora increíble compuesta por un brillante Koji Kondo, sino porque el uso que hacen de la música para comunicar es profundamente acertado e inteligente. No me refiero únicamente al hecho de que empleen música triste cuando quieren enfatizar el dramatismo de un instante o música épica en las batallas contra un enemigo importante, algo que por supuesto se da en esta saga como en muchas otras. Los ejemplos en los que estoy pensando van más allá y son mucho más sutiles.

Pongamos por caso los dos videojuegos de Zelda que salieron para Nintendo 64 entre 1998 y 2000: Ocarina of Time y Majora’s Mask. El primero es una aventura heroica al uso y cuenta con una banda sonora a la altura de las circunstancias, que se regodea en la épica. El segundo es un relato sicológico al estilo de Alicia a Través del Espejo y la dimensión que crea su música, si bien recuerda a la de su predecesor, es muchísimo más profunda y oscura. En Majora’s Mask Koji Kondo jugó con el sentido de las melodías, invirtiendo motivos de Ocarina of Time para crear nuevas canciones, utilizando conceptos extraídos del propio mundo del juego para inspirarlas o empleando los ritmos y las armonías para sugerir el significado emocional de lo que estaba ocurriendo. El ejemplo más significativo de esto es la propia intro del juego, en la que Kondo emplea unos acordes disonantes que intercala en la melodía para poco a poco ir dirigiéndola hacia un final aciago que es una metáfora perfecta del arco narrativo de toda la historia, en el que los habitantes de un mundo pacífico se esfuerzan por ignorar la terrible realidad de que la Luna amenaza con desplomarse sobre sus cabezas.

Otro mecanismo que emplea esta saga y que me encanta (no es ni mucho menos la única que lo usa, aunque sí lo hace con mucho acierto) es el de la repetición de temas para despertar emociones antiguas en situaciones nuevas. Mi ejemplo favorito es probablemente el de Hyrule Castle Theme. Esta canción fue compuesta originalmente para The Legend of Zelda: A Link to the Past en 1992 y sonaba así:

Aparte de que me parece un tema cojonudo, lo que más me gusta es la manera en la que se ha empleado en ocasiones posteriores para provocar reminiscencias a ese tema primigenio y las sensaciones que inspiró la primera vez. En The Legend of Zelda: Twilight Princess (2006) se volvió a utilizar como banda sonora del Castillo de Hyrule, pero esta vez como un eco lejano en las inmensas salas vacías de un castillo asediado. Lo más icónico de esta fase es que, mientras avanzas por el inmenso castillo hasta el lugar donde te espera el enemigo final, la melodía principal va variando sutilmente hasta convertirse en el Ganondorf Theme, la canción propia del antagonista del juego. Es un toque sutil, pero que transmite muchísimas cosas imposibles de contar de otra forma. Te están diciendo que este es un lugar en que ya has estado en otro juego (¿en otra vida?), un castillo emblemático de la saga, pero que sin embargo ya no es el mismo castillo. Es un mensaje potentísimo para el jugador, que ha tenido que sudar la gota gorda para llegar hasta esa parte del juego y, en lugar de encontrarse con una melodía épica, se topa con un eco distante y nostálgico que muda poco a poco hacia lo ominoso y desazonador. Me parece sencillamente brillante.

Otro uso magnífico de este tema es el que hace The Legend of Zelda: Wind Waker (2001) en una de sus escenas finales, cuando el Rey de Hyrule decide sumergirse en el mar junto a su reino perdido y se despide para siempre de los dos protagonistas. El tema que suena en ese momento, Farewell Hyrule King es una preciosa reintepretación al piano del Hyrule Castle Theme que de nuevo despierta ecos en la mente y refuerza la cohesión y continuidad de la historia a lo largo del tiempo y de las diferentes entregas.

Como estos ejemplos hay muchísimos más, toda la saga está plagada de momentos que cobran especial trascendencia gracias al uso que se ha hecho de la música como una herramienta comunicativa más. Y como Zelda, otros muchos videojuegos cuentan con bandas sonoras maravillosas que los hacen inolvidables (¿quién no siente un escalofrío de gustillo al escuchar la melodía del Tetris? Confesad) y les dotan del poder de trascender su aspecto lúdico y calar en lo emocional.

Personalmente me gusta tanto la música y me interesan tanto las bandas sonoras que me cuesta entender que haya gente que juega a videojuegos con el volumen quitado… imagino que la música no tiene el mismo poder comunicativo para todo el mundo, igual que sucede con las palabras o las imágenes. Me parece un tema interesantísimo para explorar en otros muchos campos como la televisión o el cine y que daría para largo.

En cualquier caso yo me quedo encantada con la experiencia de Symphony of the Godesses y con la sensación de que la capacidad de las personas para conectar y dotar de sentido hasta las cosas más nimias es algo fantástico y una fuente constante de diversión. ¿Qué puede haber mejor en la vida que encontrar algo que te apasiona y poder compartirlo con otras personas? ¡Pues eso mismo digo yo!

Habitica: sé un friki organizado

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Hola, ¿sabéis cuando digo que voy a actualizar más a menudo pero luego nunca lo hago? Bien, pues tengo dos excusas para ello: una, dependo demasiado de la engañosa sensación de estar inspirada, cuando generalmente lo más efectivo es SENTARSE Y PONERSE A ESCRIBIR. Y dos, soy un puto desastre organizándome. Sé que os cuesta creerlo porque me colmáis de admiración, pero sí, así es la vida.

Por suerte desde que entramos en la era 2.0. ya no hay excusas que valgan. Alguien, en algún lugar, está siempre trabajando para crear un complejo sistema interactivo que podrá ayudarte en tu desespero cotidiano particular. ¿Que quieres salir a correr pero necesitas que todo el mundo lo sepa o no te animas? Sin problema, descárgate esa app de running de la que todo el mundo habla y a tirar. ¿Que quieres ligar pero sin salir de casa porque si eso ya otro día? ¡No pasa nada! Tinder es la solución. O si, como es mi caso, necesitas una ayudita extra con eso de optimizar tu tiempo y cumplir con una lista de tareas, puedes probar con la extensa lista de aplicaciones de productividad que Internet tiene que ofrecer. Sí además, como es también mi caso, eres un friki adicto a los juegos de rol, tendrás que probar Habitica.

Seré honesta, no he descubierto esta aplicación por mí misma. Mi amiga F., que es una gran aficionada a hacer listas de cosas para ticar las que ya ha hecho / adquirido / leído visto, me la enseñó hace unos días y decidí que tenía que probarla. Habitica es una aplicación de productividad en la que tu mismo te marcas tus tareas pendientes, hábitos saludables y no saludables y las tareas diarias, y las vas ticando según lo que vas haciendo. En esto no se diferencia mucho de otras aplicaciones de productividad, lo realmente interesante es que añade un factor de gamificación.

Habitica es una aplicación de productividad, sí, pero también es un juego de rol a la antigua usanza. Hasta imita los simpáticos gráficos pixelados de la era dorada de este tipo de juegos (años 80 y 90). Tu avatar irá ganando experiencia y subiendo de nivel en función de las tareas que cumplas y perderá salud siempre que incurras en hábitos no saludables o dejes tareas diarias sin cumplir. No sólo eso, sino que con el oro obtenido por cumplir tareas puedes comprar euipación y objetos y participar en misiones con amigos que también usen Habitica, de manera que sus rutinas también perjudicarán o favorecerán a tu avatar, y viceversa. Por supuesto tú pones las reglas sobre qué tareas debes hacer cada día y qué hábitos cumplir o evitar, así que la honestidad es un factor clave para que este sistema, además de ser divertido, resulte verdaderamente útil.

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En mi mundo paralelo de Habitica soy una vikinga a lomos de un fénix defensora del reciclaje y preocupada por el calzado de invierno.

Llevo unos días probando Habitica y la verdad es que no sólo me está enganchando, sino que me divierte y me pico a cumplir las tareas. Si he de ser del todo sincera, el hecho de que esté aquí ahora escribiendo esta entrada de blog tiene del todo que ver con esta aplicación, porque es una de mis tareas y ME DABA MUCHA RABIA PERDER SALUD POR NO TICARLA :D. Pero es que sí, soy bastante dispersa y eso hace que sea mala cumpliendo obligaciones así en abstracto, pero si veo un objetivo claro (en este caso, la gratificación de hacer click en la casilla y ver cómo mi barrita de experiencia sube), soy un hacha. Para funcionar necesito metas muy definidas y como a mí sola me cuesta definirlas este tipo de sistemas me vienen muy bien.

En definitiva, que estoy contenta con la experiencia y la recomiendo para los que, como yo, consideren que necesitan un empujoncillo para rendir más. No os va a solucionar la vida pero oye, una pequeña ayuda nunca viene mal 😉

Me fascinan los tarados (I)

De acuerdo, lo admito. Tengo dos cosas que confesar. La primera, que tenía unas ganas locas de hacer esto. La segunda, quizá poco sorpresiva para algunos, es que siento una atracción irrefrenable y en ciertos aspectos incluso malsana hacia los inadaptados de la literatura. Sí, me refiero a esos personajes ficticios que se balancean entre la luz y la sombra, que rozan los extremos con el mismo desparpajo con el que se regodean en su mediocridad, que resultan imprevisibles a veces, misteriosos otras, profundamente queribles siempre porque, en su evidente imperfección, nos identificamos con ellos y acaban por resultarnos simpáticos. Es el caso de los locos, los miserables, los redimidos, los perdedores, los melancólicos, los patéticos, los genios, los caídos. En definitiva, los tarados.

Quiero mucho a los tarados porque me han proporcionado algunos de los momentos más álgidos de la literatura y me han catapultado al éxtasis puro con sus devaneos y miserias. Los tarados son interesantes, los tarados siempre tienen escenas que lo molan todo. Los tarados son la literatura y, la mayoría de las veces, la razón de que valga la pena leer. Con sinceridad lo digo, ¿quién quiere tragarse 200, 300, 500 páginas relatando lo estupendo y anodinamente normal que es alguien? No, leemos porque queremos, ansiamos, necesitamos esa dosis de locura políticamente incorrecta que nos libera e incluso nos responde algunas preguntas

Por todo esto y con el fin de darle un poco de vidilla al blog, he decidido iniciar una serie. Tendrá por título me fascinan los tarados y cada post versará sobre un personaje distinto. Héroes, villanos, antihéroes, antivillanos, secundarios de oro, Sancho Panzas entrañables, me da igual con tal de que cumplan una regla inapelable: que en mayor o menor medida tengan su puntito borderline.

Aviso importante: esta serie contendrá muchos spoilers de diferentes obras literarias y puede que otros campos de la ficción, así que fijaos bien en qué pesonaje y obra me centro y ¡no leáis si no queréis destriparos cosas!

Dicho esto doy paso al primer tarado de la lista.

Edmond Dantès
El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas

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Ah, por supuesto. Cómo no empezar esta lista con uno de los inadaptados más intensos, magnéticos y célebres de la literatura. El misterioso y amargo protagonista de El Conde de Montecristo ya encandiló a mi yo de 14 años la primera vez que leí el libro (he leído esas malditas 1145 páginas varias veces, sí, estoy enferma) y me sigue encandilando porque, ¿cómo no quererlo? ¿Cómo no sentir magnetismo por ese hombre sombrío e indescifrable que decide, desde la posición de superioridad moral que él mismo se otorga, tomarse la justicia por su mano y vengarse cruelmente de los que le hirieron en el pasado? Joder, la mera premisa de la historia te obliga a quererlo, no hay vuelta atrás. Pero vamos a empezar por el principio que me voy por las ramas.

Edmond Dantès es probablemente el arquetipo más famoso de antihéroe que existe. Es el protagonista de la historia y como tal, es el encargado de hacerla avanzar. Lo interesante sin embargo no es tanto lo que le ocurre a él si no su evolución a lo largo del libro. Edmond pasa de ser un jovenzuelo ingenuo a convertirse en un millonario cruel y amargado por el pasado con delirios de grandeza para finalmente arrepentirse y, de manera un tanto torpe y atolondrada, buscar la redención. Edmond tiene por tanto tres ingredientes básicos para ser un buen tarado literario: es complejo, se mueve en la gama de los grises morales rozando apenas el blanco y el negro y está obsesionado con una meta que, según su sesgadísimo punto de vista, está por encima del bien y del mal. Vamos, un cóctel ganador para mis caprichosas papilas gustativas de lo estético, extremo e innecesario.

La historia de El Conde de Montecristo es emocionante y novelesca en el más puro sentido de la palabra, pero está increíblemente bien contada y, a medida que avanza, se convierte en un libro poderosamente absorbente. El argumento empieza con Edmond Dantès, un brillante aunque algo ingenuo jovenzuelo que trabaja en los astilleros de Marsella, a punto de sellar su felicidad eterna casándose con Mercedes, una joven catalana de tan humilde procedencia como él. Edmond tiene un futuro brillante a ojos vista: va a casarse con la mujer que ama, tiene numerosos amigos y bienhechores y, para colmo, está a punto de conseguir una merecida promoción a capitán de barco. Como muchos ya sabéis el hecho de que el protagonista sea feliz es algo que relaja pero que propicia historias de mierda, así que la adversidad no tarda en ceñirse sobre él. Una serie de conocidos que, ya sea por envidia, desamor o miedo están interesados en que Edmond desaparezca, conspiran contra él de tal manera que, en el colmo de las desgracias, el alegre chavalín acaba dando con sus huesos en la prisión política más fría e inexpuignable de toda Francia: El Castillo de If.

El Castillo de If es básicamente la crisálida de Edmond Dantès. Si bien Edmond entra en la cárcel siendo joven y confiado, cuando consigue escapar tras 14 años entre sus muros sale convertido en un hombre sombrío, misántropo y obsesionado con la venganza. Al principio de la historia Edmond representa al bien y sus enemigos al mal, pero una vez pasa por el Castillo de If, nuestro protagonista toma el nombre de Conde de Montecristo y se convierte en la representación viva de la justicia. O eso insiste en afirmar él mismo en repetidas ocasiones. En cualquier caso Edmond sale de la prisión más sabio, más decidido e infinitamente más rico gracias a la ayuda de su compañero de encierro y mentor el ábate Faria, que le desvela el emplazamiento de un tesoro oculto. Pero sobre todo, sale dispuesto a liarla muy parda. Algunas de sus perlas:

Y ahora adiós bondad, humanidad, reconocimiento… ¡Adiós todos los sentimientos que ensanchan el corazón! Me he sustituido a la Providencia para recomensar a los buenos… ¡Que el Dios vengador me ceda su puesto para castigar a los malvados!

(…)yo no me ocupo jamás de mi prójimo, no procuro proteger nunca a la sociedad que no me protege, y diré aún más, que no se ocupa generalmente de mí sino para perjudicarme, y retirándole mi estimación, y guardando la neutralidad frente a frente de ella, es todavía la sociedad y mi prójimo quienes me deben agradecimiento.

Lo más curioso que hay en la vida es el espectáculo de la muerte.

Y cuando le preguntan sobre la experiencia de asistir a una tortura: El primer sentimiento fue el de la repugnancia, el segundo fue el de la indiferencia, y el tercero la curiosidad.

En definitiva, que el entrañable a la par que aburridísimo Edmond Dantès sufre una transformación providencial en términos literarios y nace el Conde de Montecristo, ese tarado que, te das cuenta de inmediato, va a hacer las delicias de todo lector desequilibrado desde ese mismo instante hasta el final.

Dumas, por supuesto, no es ajeno al potencial de su personaje y se encarga reiteradamente de incidir en la fascinación que provoca allá donde va. Lo describe como un hombre poderosamente atractivo aunque pálido en exceso (14 años sin ver la luz del Sol habrán tenido algo que ver, nos advierte), con un gusto exquisito, mente insondable, rica cultura y más pasta de la que se podría gastar Rupert Murdoch si viviera tres vidas. Es aparecer el Conde de Montecristo con su origen desconocido y su irritante aunque irresistible mueca de desdén en la decadente sociedad parisina y ponerla del revés. Todos quieren saber quién es, lo que hace, a dónde va, de quién es amigo, etc. etc. etc. Y él se aprovecha de esto alentando solo a medias el misterio, fingiendo que hasta le aburre, mientras entre bastidores planea su cruel venganza con obsesiva dedicación. Un aplauso Dumas, me quito el sombrero ante la maestría con la que construyes a tu perfecto tarado y el mimo con el que lo presentas, que hasta una se olvida de que el tío va por la vida soltando cosas como que es la mano de Dios y acaba enamoradica perdía.

Por supuesto, Edmond se venga. Se venga en plan destructivo e implacable, arruinando a uno, llevando a otro al suicidio y provocando la locura de un tercero. Ni siquiera las suplicas de su viejo amor Mercedes consiguen aplacar su ira. Sin embargo el propio destino es el que se encarga de poner a Edmond en su sitio porque al final se le va la mano. Se le va mucho la mano. Se le va tantísimo la mano que se carga a un crío inocente de manera tangencial porque vaya, eso de jugar a ser Dios como que no era tan fácil como parecía. Es entonces cuando se da cuenta de que incluso cuando uno tiene la balanza moral de su lado, existen límites. Y al traspasarlos Edmond se acojona. Se le ponen tan por corbata que dedica las últimas fases de su plan a frenar lo que ya ha puesto en marcha y así evitar llevarse a más incautos por delante. Al final consigue hacer un par de buenas obras, medio perdonarse a sí mismo y, al menos a ojos de Dumas que le otorga la concesión de volver a enamorarse, quedar redimido.

Edmond es humano, Edmond es falible, Edmond reconoce su pequeñez infinita ante la Divina Providencia y por lo tanto, Edmond se redime y obtiene su final feliz. Esto es una cosa muy decimonónica sobre la que no me voy a detener demasiado pero que los novelistas usaban mucho para justificar los actos de sus personajes. Vamos, el viejo rollo de “quiero escribir un personaje que sea interesante pero sin que me quemen por hereje”. Puede resultar un tanto ingenuo hoy en día pero alabado sea este tropo que nos ha permitido disfrutar de tantos y tantos personajes que valen la pena.

En definitiva Edmond Dantès es uno de esos tarados sobre los que quieres volver una y otra vez. Releer sus frases célebres, revivir sus alegrías y sus miserias y sobre todo fascinarte una y otra vez con él y su forma nada sana de lidiar con el dolor y la ofensa. Pero seamos honestos, ¿a quién le interesa lo sano?

¡Que vivan los tarados!

Random artístico

No sabéis la rabia que me da ser tan desoladoramente inconstante y no haber actualizado en CINCO MESES. La última vez que subí un post barajaba la idea de intentar subir al menos una entrada cada quince días y ya veis… fracaso estrepitoso jajajaja.

Tengo que decir en mi defensa que aunque no haya escrito no he parado de hacer cosas. En concreto llevo unos meses dbujando bastante y probando nuevos estilos y técnicas de dibujo digital. Y para qué mentir, me hacía ilusión enseñar algo :). No tengo tanto como querría porque el tiempo que tengo para dibujar entre el trabajo, el deporte y hacer vida social es poco y fragmentado, pero lo que tengo me gusta mucho.

En fin, esta entrada va a ser cortita. Sólo quería saludar, dejar aquí la prueba del delito y dar fe de que sigo viva y pensando a menudo en el blog, aunque esté poco activa.

¡Un beso y gracias!

conjuntillo

Cinco grupos españoles que sorprenden y no escucharás en los 40

Pues bueno, hace tiempo que no escribo un post de música a pesar de que sé que los esperáis como agua de mayo (ejem, ejem) y ya iba tocando. Así que aquí os dejo una pequeña lista de cinco grupos españoles que quizá no conocíais pero que a mí me parecen muy interesantes no sólo por lo que hacen, sino por la calidad y originalidad de su sonido.

HIPSTER ALERT: ya sé que son grupos que llevan un cierto recorrido y que probablemente si eres un melómano o una persona con inquietudes musicales ya los conozcas, pero admítelo… ¡estás en minoría! Así que ponte los cascos, enfunda tu ironía y disfruta de esta música fantástica que tanto te gusta (o no) sin juzgar nuestra hijnoransia :). Peace and love!

1. Cycle
Aunque sus letras en perfecto inglés y su electro-rock cañero y acertadísimo pueda confundir, lo cierto es que Cycle es un grupo angloespañol afincado en España. No suenan mucho fuera de Radio 3 pero deberían, ¡porque son la bomba! Y si no escuchad este Saturday girl y me comentáis.

2. Nudozurdo
Esta banda madrileña lleva dando caña desde 2001 con una música difícil de catalogar pero que oscila entre el punk y el post-rock, o eso dicen algunos. A mí personalmente me suenan a una especie de Joy Division españolizado y sazonado con toques pop al más puro estilo de la movida (aunque no tengan nada que ver ni con el uno ni con la otra). Son uno de mis favoritos por la brutal honestidad de sus letras y el intimismo oscuro con el que impregnan sus atmósferas. Su disco más alabado es Sintetica, en el que brilla este Ha sido divertido.

3. Crystal Fighters
Un favorito de los festivales y una banda cada vez más de moda. Este grupo nació en Londres aunque la mayoría de sus integrantes son españoles. Su pop tecno es tan bailable como interesante. Su single más conocido y que a mí personalmente me apasiona es Love is all I got.

4. Fuel Fandango
Una cordobesa y un canario se juntaron para crear esta maravilla que mezcla una genuína voz española entrenada en el cante con un ritmo entre soul y popero, dinámico y potente. No sólo suenan fenomenal sino que son divertidísimos en directo, tremendamente buenrolleros y bailables. Read my lips es una de mis favoritas.

5. Anímic
Descubrí este grupo catalán hace poco y me sorprendió muy gratamente. Combinan letras en inglés con letras en catalán, y su sonido es muy variable hasta el punto de que no hay dos canciones que suenen igual en su último disco, Hannibal. Del mismo me gusta especialmente El crani i la serp por lo peculiar de sus imágenes y su sonido inquietante pero hipnótico.