50 Sombras de Grey. Mil maneras de juzgarnos.

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Hace aproximadamente un año que escribí un post en este mismo blog en el que hablaba de lo frustrante que me resulta enfrentarme al enaltecimiento de los best-sellers, especialmente si son malos, y citaba como ejemplo el caso paradigmático de 50 Sombras de Grey. En realidad hablaba de varias cosas diferentes en mi artículo, pero creo que es importante recordar y hacer hincapié en el hecho de que 50 Sombras no sólo no me gusta, sino que me parece una obra de pésima calidad, vacua, manida, poco orgininal y bastante reaccionaria. Dicho esto voy a entrar en materia sobre lo innecesarios que me parecen, aun sabiendo lo malo que es el libro, determinados juicios de valor que he visto en medios y redes sociales.

El enfado me viene a raíz de leer este artículo de La Página Definitiva donde el autor no sólo arremete de manera despiadada contra el libro (cosa que me parece por otra parte bastante natural) sino que también reparte de manera no totalmente exenta de un cierto tufillo si no machista al menos condescendiente, chanzas de lo más variopintas contra todas las lectoras que afirman haber leído el libro y haber disfrutado con él. El autor justifica su aparente irritación y perplejidad afirmando que no entiende cómo tantas mujeres (¡algunas hasta con carrera, adónde iremos a parar!) se empeñan en convencerle de que es un buen libro y “una historia de amor preciosa”, cuando es evidente que no es ni una cosa ni la otra. Al final llega a la conclusión de que, sencillamente, las mujeres es que no nos aclaramos y no sólo no somos honestas con los hombres sino que no somos honestas con nosotras mismas. Pobres hombres, cuánto tienen que aguantarnos. Las mujeres somos tan volubles e inconstantes con nuestros deseos y sentimientos y tan ignorantes de nuestra propia psique que no sabemos ni lo que queremos, ¿cómo, pues, lo van a saber ellos?

Bien, podría ponerme diplomática y pasivo-agresiva (porque claro, soy una mujer, es lo nuestro), pero dado que este tipo está tan preocupado por la aparente deshonestidad femenina, voy a ser sincera, directa y clara: su análisis me parece vacuo y superficial y su artículo un pedazo de cagarro. Perdón. Quiero decir que me parece una soberana mierda.

Y dicho esto voy a argumentar mi opinión, para que nadie se crea que esto lo digo fruto de la rabia o el escarnio. En realidad lo digo en base al frío y calmo análisis y con toda la tranquilidad del mundo porque en serio, hace mucho tiempo que superé eso de obnubilarme ante la prosa decente y la pluma afilada y si veo prejuicios disfrazados de intelectualismo y sofisticación, lo digo. Y este artículo es todo sorna y poca miga.

El artículo de nuestro autor de La Página Definitiva no sólo me parece sesgado, desacertado y en algunos puntos hasta ofensivo para las fans de 50 Sombras (entre las cuales, repito, no me cuento), sino que me parece escaso de imaginación y totalmente falto de empatía. Entiendo que el libro le haya parecido una basura, porque lo es. Enmtiendo la sorna, porque hay mucho de lo que burlarse cuando tratamos con una historia tan vacua y tonta como la de 50 Sombras. Entiendo que pueda irritarse de que algo de tan ínfima calidad haya alcanzado las ventas que ha alcanzado este insípido best-seller. Lo que no entiendo es por qué se empeña en culpar de todo ello al género femenino, como si ser hembra humana  y no estar por encima de tu biología fuera algo digno de penalización y escarnio.

En realidad entiendo su frustración: pero si somos mujeres modernas, si pedimos la igualdad, si hablamos de feminismo todos los días, si tenemos estudios y carrera… ¿cómo puede ser que nos sigan poniendo cachondas cosas tan tontas como un chico malo, sus preciosos ojos grises y la forma tan estupenda en la que le caen los pantalones sobre su prieto y estilizado culito de macho alfa? ¿Cómo puede ser que todas nos hagamos pipí con la idea de ser dominadas por un machote buenorro que encima es millonario, que encima dona dinero a ONGs, que encima vive torturado por su pasado y presa de una despiadada tormenta interior? ¿Es que no vemos lo tonto que es? ¿Es que no nos damos cuenta de lo tontas que parecemos?

De acuerdo, entiendo sus preguntas, son totalmente lícitas. Lo que no entiendo es la conclusión precipitada a la que llega afirmando que “será que somos todas unas putas”, o “que no sabemos ni lo que queremos” o “que en el fondo no estamos tan liberadas”. Si el autor tuviera un poquito de imaginación o por lo menos una pizca de interés por conocer el punto de vista femenino (ah, ahí he pinchado en hueso, ¿verdad? ¿porque desde cuándo es interesante conocer el punto de vista femenino si puedo escribir un puñado de líneas ingeniosas poniendo a caldo a unas cuantas solteronas?) se habría abstenido de contestar de manera tan pobre y habría dejado que nosotras le resolviéramos algunas de sus dudas. Eso habría demostrado un genuino interés por saber y no lo que de verdad supone su artículo, que es básicamente un canto al onanismo impregnado de autosatisfacción.

Pero resulta que yo soy mujer y puedo contestarle. A él y a todos los que al leer su artículo se hayan podido hacer las mismas preguntas. Y la respuesta es tan simple como definitiva: es que las mujeres también tenemos genitales que piensan por nosotras y joder, no encanta estimularlos porque, por razones evolutivas, de no ser así nos habríamos extinguido como especie. Igual que un hombre (por muchos premios Nobel que acumule en su cartera) no puede evitar que se le ponga como un mango de mortero al ver un par de tetas tersas, nosotras no podemos evitar que nos pongan cachondas determinadas absurdeces que no tienen explicación racional, y la dominación es una de ellas. Lo que pasa es que sí, somos diferentes, y mientras par los hombres la estimulación visual es fundamental, para nosotras lo que mejor funciona es la imaginación. De ahí que muchas mujeres, algunas en mayor medida que otras, cubran de un aura de romanticismo sus relaciones y sus fantasías sexuales, puesto que eso nos ayuda a estimular nuestro deseo sexual. De ahí que muchas mujeres hayan leído esta mierda de libro que es 50 Sombras y, aún sabiendo que es una mierda de libro, les haya gustado. De ahí que muchas mujeres hayan llegado incluso a afirmar que el libro es “una historia de amor preciosa”, porque rodearlo de un encanto que no tiene es su manera de idealizar sus propios deseos y fantasías. ¿Afirmar que es un buen libro? Es obviamente un autoengaño, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de ser mujer. Tiene que ver con la propia condición humana y nuestra necesidad de encumbrar todo aquéllo que nos gusta, en contra de la pura evidencia terrenal. Es exactamente lo mismo que hacen los hombres cuando utilizan palabras como “honor”, “sacrificio” o “nobleza” para describir algo que no deja de ser un juego como es el fútbol. La diferencia es que nosotras tenemos que soportar la sorna y las pullitas de “intelectuales” masculinos diciéndonos lo incoherentes e infantiles que somos y no sólo eso, sino a otras mujeres dándoles la razón porque claro “es que hay tanta tipa tonta por ahí”

Pensadores masculinos de este mundo: si van a referirse a mi género con el único fin de demostrar el buen ejemplo que podriamos tomar de ustedes para corregir nuestros defectos derivados del estrógeno y la progesterona, pueden irse a cagar a la vía. Si por el contrario tienen intención de analizar nuestro comportamiento ante determinadas situaciones con la intención real de aprender sobre nosotras y conocernos mejor, estaremos siempre dispuestas a dialogar y a contestar a sus preguntas con toda la honestidad de la que seamos capaces.

Mientras tanto sólo me queda esperar que algún día podamos hablar del comportamiento sexual de hombres y mujeres sin caer en prejuicios ni juicios de valor injustos donde, tristemente, nosotras siempre llevaremos todas las de perder.

 

 

La Leyenda de Aang, La Leyenda de Korra

cabeceraHace poco he tenido el placer, gracias a la recomendación de mi hermano, de descubrir y visionar una serie de animación de las que ya echaba de menos. Una serie de esas que divierte, que interesa, que emociona y sobre todo que engancha de verdad. Una serie dirigida a niños y adolescentes y por tanto entrañable, pero al mismo tiempo valiente y original, con muchos más niveles de profundidad de los que aparenta a simple vista, capaz de transmitir su propia filosofía y construir su propio universo. Una serie, por resumir, que no sólo me ha gustado sino que me ha entusiasmado y que de verdad he sentido acabar. Por eso he pensado dirigirle unas líneas, no sólo para recomendárosla (cosa que hago desde YA) sino para desahogarme y, de alguna manera, darle las gracias a los creadores por lo mucho que he disfrutado con ella.

En realidad descubrí Avatar (la serie que tenemos entre manos) allá por 2006 cuando la echaban en Nickelodeon. Vi algunos capítulos y me gustó, pero por estar en esa época centrada en otras series y no tener costumbre de ver nada en la TV, acabé por dejarla. Ahora, muchos años después, su segunda parte La Leyenda de Korra ha terminado con un polémico final que roza lo revolucionario y que ha dejado boquiabierto a más de uno, lo que ha permitido a muchos descubrirla (o redescubrirla, como es mi caso). Clicad aquí si no os importan los spoilers y queréis saber de qué hablo.

Ahora que la he visto entera y puedo hablar con propiedad, voy a intentar contaros algo sobre ella para que la descubráis y, si es posible, la disfrutéis tanto como yo :).

La serie

Avatar: The Last Airbender (o Avatar: La Leyenda de Aang como se conoce aquí en España) y La Leyenda de Korra son dos series diferenciadas pero que constituyen la primera y la segunda parte de una misma historia. Las dos transcurren en el mismo mundo, con personajes y motivos recurrentes en ambas y las dos tienen como hilo conductor a su personaje principal, el avatar, que es el ser destinado a ejercer de puente entre el mundo de los humanos y el mundo de los espíritus. En la primera parte el avatar es Aang y en la segunda parte el avatar es Korra, que no es otra que la reencarnación de Aang 70 años después.

Aang y Korra (voy a referirme así a la primera y segunda parte respectivamente a partir de ahora) son, además, series muy difíciles de catalogar. No por la complejidad de su trama, ni porque empleen un estilo de animación muy novedoso, ni siquiera por sus personajes, brillates y maravillosamente escritos en su mayoría, sino porque suponen una fusión casi perfecta entre la animación oriental (japonesa, más bien) y la animación occidental (en este caso americana). Aang y Korra son series anime, no cabe ninguna duda de esto: los combates de artes marciales, la animación, la seriedad y complejidad de los personajes y las tramas y los motivos espiritistas eliminan cualquier duda al respecto. Y sn embargo, Aaang y Korra son series americanas, creadas en origen por los estadounudenses Bryan Konietzko y Michael Dante DiMartino con el mecenazgo de Nickelodeon. Y curiosamente, el cóctel funciona: ambas series toman lo mejor del storytelling oriental (el misticismo, el drama social y político, los combates con poderes sobrenaturales, la evolución y profundidad psicológica de los personajes) y lo mejor del occidental (el humor, la naturalidad en el trato de ciertos temas como el amor o la atracción sexual, la perfecta funcionalidad de los guiones que carecen de diálogo innecesario o episodios sobrantes). El resultado es un producto nuevo, un género que no existía hasta ahora y que ha demostrado ser posible e incluso muy interesante: el anime occidental.

Curiosamente es precisamente la carencia de una etiqueta explícita lo que ha supuesto una mayor barrera para la adecuada aceptación de la serie a nivel mundial: los fans del anime lo consideran un producto apócrifo y los espectadores acostumbrados a la animación occidental lo consideran demasiado diferente. Eso sumado a una película live-action lamentable, a la confusión nominal generada por la película Avatar de James Cameron y al continuado ninguneo que ha sufrido por parte de Nickelodeon que ha emitido la última temporada sólo online, le ha puesto las cosas difíciles a la serie para conseguir la audiencia que merece. Sin embargo vale la pena liberarse de prejuicios y verla porque Avatar no es sólo una serie única, es además una serie muy, muy buena.

La trama

Korra1.Avatar transcurre en un mundo dividido en cuatro naciones: las Tribus del Agua, La Nación del Fuego, El Reino de la Tierra y los Nómadas del Aire. En todas las naciones existen seres humanos con un poder especial llamado bending (o control, como se tradujo al español) que les permite controlar el elemento propio de su nación. Estos maestros de los elementos son conocidos como benders y conviven con personas normales que no tienen este poder. Aún así todo en el mundo de Avatar gira en torno al bending: la tecnología, los medios de transporte, la ingeniería… prácticamente todo se consigue mediante el control espiritual de los elementos.

Entre todos estos maestros de los elementos nace cada generación uno especial: el avatar, maestro de todos los elementos. Este maestro de maestros nace en cada reencarnación en una nación diferente y siguiendo siempre el mismo ciclo: fuego, aire, agua y tierra. Además no sólo puede dominar los cuatro elementos sino que es capaz de conectar con sus vidas pasadas y acceder al mundo de los espíritus. Por todo esto es siempre el encargado de mediar entre las naciones para asegurar la paz, el diálogo y el equilibrio. Huelga decir que ser el avatar no sólo no es fácil sino que en muchos casos es una carga casi insoportable. De ahí el origen del conflicto en la serie y el punto de partida para las aventuras de Aang y Korra.

Como ejemplo, el opening de la primera parte de la serie resume su espíritu y su contexto bastante bien:

Referencias

Los creadores Konietzko y DiMartino admiten que para crear Avatar tomaron muchísimas referencias no sólo del anime, con algunas tan importantes como Miyazaki, sino también de la cultura oriental en general. De hecho las cuatro naciones de Avatar tienen características orientales en su cultura, su música, su forma de vestir e incluso en los rasgos de los personajes. No existen personajes arios en Avatar, y apenas los hay con el pelo claro. Todos tienen rasgos orientales, incluyendo a las tribus del agua que tienen la piel más oscura y por lo tanto podrían considerarse de raza hindú.

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El Príncipe Zuko realizando la Danza del Dragón, una forma de artes marciales propia del control del fuego.

El bending también está inspirado en las artes marciales. Cada tipo de bending tiene características únicas según al elemento que va dirigido y por tanto tiene su propio carácter y sus propios movimientos. Así, de cara a la animación, los creadores se inspiraron en el Tai Chi para el control del agua, en el Kung Fu Shaolin para el control del fuego, en el Hung Gar para el control de la tierra y en el Pa Kua Chang para el control del aire (todo artes marciales de origen chino).

Los personajes

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De atrás hacia adelante: Tenzin, maestro del aire; Mako, maestro del fuego; Bolin, maestro de tierra y Korra, la avatar en La Leyenda de Korra.

Aunque las tramas de la serie están cuidadas al detalle y consiguen ser divertidas,  emocionantes, profundas y originales, lo que sin duda destaca en avatar son sus personajes. La animación es sobresaliente, de acuerdo; la música y el guion excelentes. Pero la escritura de los personajes es sin duda lo mejor de lo mejor. Tanto en Aang como en Korra el elenco de protagonistas y antagonistas es sencillamente maravilloso. Una parrilla excelentemente escrita con dinámicas entre personajes calculadas al detalle para que sus interacciones generen momentos de humor y drama indistintamente y sin parar, de manera que no puedes evitar quererlos.

La serie toma también en este aspecto referencias de la animación oriental y dota a sus personajes de una evolución psicológica muy interesante. Esto se puede ver sobre todo en el caso de los protagonistas. Aang, por ejemplo, empieza la serie como un niño de doce años despreocupado con una tarea entre manos que le viene demasiado grande: la de convertirse en el avatar que todos esperan que sea. Al final, sin embargo, acepta su destino y toma sus propias decisiones, convirtiéndose en el avatar que él mismo quiere ser. Korra, por su parte, tiene una evolución bien distinta. Si bien al principio es confiada y tiende a ignorar sus propios límites, al final de la serie aprende a aceptar que es falible a través de experiencias dolorosas y adquiere más empatía hacia los demás.

En este sentido un secundario que sufre la evolución a mi parecer más compleja dentro de la serie es Zuko, el Príncipe del Fuego. Su obsesión por capturar al avatar para reestablecer su honor y recuperar el favor de su padre le convierte en el antagonista de Aang, pero su naturaleza obstinada y su férreo sentido de la moral permiten que el espectador lo perciba más bien como un antihéroe y empatice con él. Además la dinámica que tiene con su desenfadado tío Iroh los convierte en uno de los mejores dúos cómicos de la serie, algo meritorio teniendo en cuenta que no escasean los momentos cómicos:

De hecho el humor es también una pieza clave tanto en Korra como en Aang, siendo el medio que utilizan los guionistas de manera más recurrente para aliviar la tensión de los momentos dramáticos y para caracterizarnos poco a poco a los personajes. Otro video con ejemplos humorísticos, esta vez de La Leyenda de Korra:

Además la serie consigue algo que pocas veces he visto en la narrativa tanto occidental como oriental, y es una paridad casi total entre personajes masculinos y femeninos. En el universo de Avatar no se hace hincapié casi nunca en el género de los personajes a no ser que sea a efectos de una trama  o sea fruto de conflicto por algún motivo. Todos los personajes hacen cosas interesantes y tienen tramas argumentales elaboradas sin caer en el cliché (o cayendo tan sólo circunstancialmente) independientemente de su edad o su sexo. Más interesante aún, hay personajes con discapacidad que participan de la acción en la misma medida que los demás, sin que su evidente problema físico se señale de manera intencionada. Es por ejemplo el caso de Toph, una de las protagonistas, que es completamente ciega pero es capaz de “ver” gracias a su control de tierra y es uno de los personajes más divertidos. Además Avatar emplea los tropos típicos de este tipo de series de manera consciente y muy inteligente. Todos en Avatar tienen luces y sombras, y todos tienen puntos fuertes y debilidades. Es necesario ver la serie para entender bien lo que quiero decir, pero creo que en ese sentido Avatar ha dado un paso de gigante. Espero que otras series, animadas o no, puedan seguir su ejemplo.

Para concluir diré que recomiendo la serie al 100% tanto a los amantes de la animación como a los que a priori puedan no sentirse interesados. Incluso si sois fans del anime y pensáis que no os puede gustar un anime occidental, deberíais darle una oportunidad. Yo misma he sido muy muy fan del anime, pero soy aún más fan de las cosas hechas con alma y buen gusto. Creo que es difícil ver esta serie y que no te guste, y tanto Aang como Korra tienen la suficiente autonomía la una de la otra como para ser consideradas y disfurtadas por separado. Lo único malo es que sólo he podido acceder a la serie en versión orginal sin subtíulos, al menos en streaming, y he sido incapaz de encontrar los DVD con el doblaje en castellano :(.

En cualquier caso si estáis interesados podéis ver los capítulos en VO de ambas partes aquí.

¡Hacedme caso y echadles un vistazo! No os arrepentiréis :).